Reformas integrales en Salt
En Salt reformamos sobre todo pisos de bloques construidos entre los años 60 y 80, de 60 a 85 m², donde una redistribución bien pensada gana mucho más espacio del que parece. El trabajo más demandado es el baño y la cocina, seguido de la reforma integral con electricidad y fontanería nuevas. Trabajamos con comunidad de vecinos y horarios pactados.
Salt recuperó ayuntamiento propio en 1983, después de unos años agregado a Girona, y tiene un parque de vivienda que no se parece al de la ciudad vecina. Aquí no hay un centro histórico monumental ni muchas casas señoriales: hay un casco antiguo de pueblo agrícola y, alrededor, una corona de bloques plurifamiliares levantados en pocas décadas para alojar a la gente que llegaba a trabajar a la industria. Esa concentración de edificios de la misma época hace que las patologías se repitan de un bloque a otro, y eso tiene una ventaja práctica: vamos a la visita sabiendo bastante bien qué nos vamos a encontrar.
El piso tipo de Salt mide entre 60 y 85 m², está en un bloque de cuatro plantas o más, tiene pasillo central que reparte a todas las piezas, cocina cerrada de unos 6 m² con galería o lavadero anexo y un único baño interior. Sobre el papel la superficie está bien aprovechada, pero la distribución es de hace sesenta años: mucho metro cuadrado dedicado a circular y una pieza de día pequeña en una vivienda que a menudo está bien orientada.
La intervención que más transforma estos pisos no es la más cara: quitar el tabique entre cocina y comedor y trasladar la lavadora a la galería o a un armario técnico. Con eso la pieza principal pasa de dieciséis a más de veinte metros cuadrados útiles y entra luz en la parte central del piso. Antes, eso sí, hay que comprobar dos cosas: que el tabique no colabore estructuralmente —en algunos de estos bloques hay tabiques de ladrillo que reparten carga— y por dónde bajan las instalaciones verticales, porque el punto de conexión al agua y al desagüe condiciona dónde puede ir la nueva cocina en L o con isla.
El segundo encargo es el baño. En estos edificios la bañera suele estar encajada en un hueco de 1,40 m y el desagüe entra directamente al bajante comunitario, de modo que cambiarla por un plato enrasado es técnicamente sencillo. Lo que no conviene dejar para otro día es la ventilación: muchos de estos baños respiran por un conducto colectivo tipo shunt que con los años se ha obturado, y entonces hay rejilla pero no hay extracción real. Aprovechamos el cambio para dejar una ventilación que cumpla lo que pide el CTE DB-HS 3 y para revisar el tramo de bajante que queda visto dentro de la reforma del baño.
Cuando la reforma es integral, en Salt se repite siempre la misma lista. Cuadro eléctrico antiguo sin toma de tierra ni circuitos separados, que hay que rehacer entero y dejar con boletín según el reglamento electrotécnico de baja tensión. Tuberías de hierro galvanizado con la sección reducida por la incrustación, que explican la presión pobre de la ducha mucho mejor que el calentador. Bajantes —y a veces placas de conducto o de cubierta— de fibrocemento, que solo puede manipular una empresa inscrita en el RERA con plan de trabajo aprobado. Y forjados de vigueta de hormigón de mediados del siglo pasado: antes de tocarlos pedimos un informe técnico, porque es la época en la que hay que descartar patologías de corrosión del soporte antes de derribar nada.
En el exterior el patrón también se repite: fachadas de ladrillo visto o revocadas sin aislamiento, patios de luces estrechos, antepechos y barandillas de terraza con fisuras y carpintería de aluminio corredera sin rotura de puente térmico con vidrio simple. En un piso así la condensación aparece siempre en el mismo sitio, en el rincón de la pared de fachada que queda detrás de un armario, y no se resuelve ventilando un poco más: se resuelve con aislamiento y con una carpintería que no haga de puente frío. Si la comunidad se plantea actuar en la fachada entera, vale la pena ordenar bien por dónde se empieza y cruzarlo con lo que exige el CTE DB-HE cuando la intervención afecta a una parte importante de la envolvente.
En el casco antiguo, en la calle Major y en el Veïnat el tejido es otro: casas de cós entre medianeras, estrechas de fachada y profundas, con patio trasero y una crujía central que no recibe luz por ningún lado. La reforma tipo aquí no consiste en redistribuir habitaciones, sino en llevar luz al medio de la casa con un lucernario o abriendo un patio interior, y en decidir dónde va la escalera para que no se coma la planta baja. También aparece la humedad de capilaridad, porque esos muros se levantaron sin ninguna barrera bajo el nivel del suelo; saber distinguirla de una condensación ahorra reparar dos veces la misma pared.
El pasado industrial todavía se lee en el entorno de la Coma Cros y a lo largo de la sèquia Monar, el canal que movía las fábricas. En ese sector hay edificaciones de planta baja con techos altos y estructura de perfil metálico, y bajos que se han ido convirtiendo en vivienda o en local y oficina. Cambiar el uso de un bajo no es una obra de pintura: implica comprobar altura libre, ventilación, evacuación y accesibilidad, y mirar qué permite el planeamiento municipal antes de dibujar nada.
Salt tiene una proporción alta de vivienda de alquiler, y eso marca una parte de los encargos. Un piso que se reforma para alquilar necesita acabados que aguanten —pavimentos de clase de uso alta y piezas de mantenimiento sencillo— y, si la reforma cambia la distribución o el número de habitaciones, hay que revisar la cédula de habitabilidad: las condiciones mínimas las fija el Decreto 141/2012 y una redistribución mal planteada puede dejar una habitación sin la superficie o la ventilación que la norma pide. Más vale comprobarlo al principio que descubrirlo con la obra acabada.
Una ventaja práctica de trabajar en Salt: la trama de crecimiento es llana y de calles anchas, y normalmente se puede dejar el contenedor a pie de edificio, algo que en el Barri Vell de Girona es imposible. Eso acorta el capítulo de derribo y abarata el transporte de escombro. En el casco antiguo la cosa cambia: allí las calles son estrechas y hay que trabajar con sacos y con horas pactadas. En ambos casos hace falta la comunicación previa o la licencia que corresponda en el Ayuntamiento de Salt y, si se ocupa acera o calzada, la autorización de ocupación de vía pública. Cada ayuntamiento tiene su ordenanza y sus plazos: qué trámite toca en cada caso lo comprobamos antes de cerrar el calendario.
Trabajamos todo Salt con equipo propio y sin recargo de desplazamiento, y las franjas de precios orientativos son las mismas que en el resto del Gironès. Lo que cambia entre un piso de Salt y uno de Girona no es el precio del metro cuadrado: es el estado de partida del edificio y la facilidad de acceso, y las dos cosas se ven en la visita.
Preguntas sobre reformas en Salt
¿Hacen reformas en Salt?
Sí. Salt (Gironès) está dentro de nuestra zona de trabajo habitual con equipo propio, sin recargo de desplazamiento. Hacemos reformas integrales, cocinas, baños y rehabilitación, y la visita para valorar la obra es gratuita.
¿Cuánto cuesta una reforma en Salt?
Las franjas son las mismas que en el resto de la comarca: de 450 a 1.350 €/m² en una reforma integral según el nivel, de 4.500 a 9.000 € un baño completo y de 6.500 a 14.000 € una cocina. Lo que cambia entre municipios no es el precio unitario, sino el estado de partida del edificio y la facilidad de acceso a la obra.
¿Se encargan del permiso en el ayuntamiento?
Sí. Tramitamos la comunicación previa o la licencia de obras en el Ayuntamiento de Salt, reservamos el contenedor y gestionamos el escombro en planta autorizada con el justificante de vertido.