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Gironès

Reformas integrales en Bordils

Bordils es un pueblo de la llanura del Ter con un núcleo compacto de casas entre medianeras, muros de piedra y portales de arco. Reformamos sobre todo vivienda anterior a los años setenta, ampliada por etapas a lo largo de generaciones, y el trabajo empieza casi siempre por lo mismo: resolver la humedad de la planta baja y hacer entrar luz en el centro de la casa antes de hablar de acabados.

Arquitectura característica de Bordils, en el Gironès

Bordils es un pueblo de llanura, agrícola y con pasado fabril: la proximidad del Ter trajo industria a la ribera y el corcho dejó talleres y almacenes repartidos por el núcleo. Ese origen se lee en el parque de vivienda. El pueblo lo forman sobre todo casas entre medianeras anteriores a los años setenta, de muro de piedra con las juntas rehechas o revocado, con planta baja, uno o dos pisos y patio trasero; alrededor hay promociones más recientes con parcela y, desperdigados por la llanura, masías y casas de payés. Cada uno de esos tres grupos plantea una obra completamente distinta.

Si hay una constante en las obras de Bordils es la humedad de la planta baja. El pueblo se asienta sobre los materiales sueltos que ha ido depositando el Ter —arenas, limos y gravas— y el agua está a poca profundidad. Los muros se levantaron directamente sobre el terreno, sin ninguna barrera de por medio, y el agua sube por el interior de la piedra hasta que encuentra por dónde evaporarse. El síntoma clásico es una franja de yeso hinchado y pintura descascarillada que recorre la pared de un extremo al otro, siempre a una altura bastante constante y con un polvo blanco en la superficie: sales que cristalizan cuando el agua se va.

Antes de tratar nada conviene saber qué se está tratando, porque no toda mancha en planta baja es capilaridad. Puede ser condensación —y entonces la solución es ventilación y aislamiento, no inyectar nada—, puede ser una fuga de una tubería enterrada o de un desagüe viejo de gres, y puede ser agua que viene del patio, de una acequia o de la casa de al lado. Distinguirlo es cuestión de mirar dónde están las manchas, hasta qué altura llegan, si cambian con la estación y si la humedad se concentra en un punto o recorre todo el muro. Una inyección de barrera química en una pared que lo que tiene es una tubería rota es dinero tirado.

Cuando sí es capilaridad, el tratamiento que aguanta tiene tres piezas y ninguna es una pintura: barrera química inyectada en la base del muro, arranque del revoco afectado hasta por encima de la franja de sales y reposición con morteros de cal o de saneamiento, y, si hay que rehacer el suelo, forjado sanitario ventilado en lugar de una solera nueva. Este último punto es el que más cambia el resultado en Bordils. Colocar un gres o un vinílico sobre una solera húmeda sin cámara es encerrar el vapor dentro: al cabo de un año el agua sale por el borde del rodapié o se lleva el adhesivo.

Las casas del núcleo tienen un elemento que vale la pena mirarse dos veces antes de tocarlo: el portal. Muchos son de arco de medio punto o rebajado, con dovelas de piedra y jambas macizas, y son lo que da carácter a la calle. La tentación habitual cuando se reforma es cuadrar la abertura con un dintel y poner una puerta de catálogo. Es una decisión difícil de deshacer y que, además, a menudo choca con lo que el planeamiento protege en las fachadas del núcleo. Se puede resolver de otro modo y queda mejor: carpintería hecha a medida, hoja recta a la altura de paso y un tímpano fijo, ciego o acristalado, que acompañe la curva del arco.

La otra característica de estas casas es la proporción: fachada estrecha, mucho fondo y luz solo por los dos extremos. El resultado es una franja central oscura, donde suelen quedar el baño y la escalera, y es el problema que con más frecuencia nos piden resolver. Las salidas pasan por abrir la planta: conectar la cocina y el comedor hacia el patio, sustituir la escalera cerrada por una abierta, encajar una claraboya en lo alto de la caja de escalera para que la luz cenital baje hasta la planta baja, o sacrificar una pieza del medio para convertirla en un pequeño patio. Las tres primeras son compatibles con mantener la fachada tal como está.

Estas casas han crecido por etapas y eso se nota el día que se abren. Es habitual encontrar el cuerpo original con techos de vigas de madera y revoltón, una ampliación de los años sesenta o setenta con viguetas de hormigón y un cobertizo posterior hecho con lo que había. Los forjados no están a la misma cota, hay peldaños en medio de la casa y las paredes de carga no continúan de un cuerpo al otro. En los techos de madera el punto crítico es la cabeza de viga, allí donde se empotra en el muro; en los de hormigón, el recubrimiento escaso y la armadura oxidada. En ambos casos toca hacer catas antes de dibujar ninguna distribución.

Una petición que en Bordils se repite mucho es convertir la planta baja —antiguo almacén, bodega, cuadra o garaje— en parte de la vivienda. Es un cambio de uso que exige licencia y que choca casi siempre con el mismo obstáculo: la altura libre. Estas plantas bajas se hicieron para guardar cosas, no para vivir en ellas, y entre el pavimento y la viga a menudo no hay lo que la normativa de habitabilidad exige. Rebajar el suelo para ganar centímetros es posible en algunos casos, pero afecta a la base de los muros y al drenaje y hay que valorarlo con criterio. Más vale saberlo el día de la visita que a media obra.

El patio trasero es el gran activo de estas casas y, a la vez, una parte importante de la logística. Cuando tiene salida a una calle o a un paso trasero, el material entra y el escombro sale sin cruzar la vivienda y la obra va mucho más rápida; cuando no la tiene, todo pasa por el pasillo de la entrada, con protección de pavimentos y transporte a mano. Las medianeras son el otro punto a hablar antes de empezar: todo lo que las afecte —rozas, anclajes, levantar una pared nueva— se acuerda con el vecino, y cuando la casa de al lado es más baja la medianera queda vista y hay que impermeabilizarla y aislarla como si fuera fachada.

Fuera del núcleo el trabajo es otro. En las masías y casas de payés de la llanura y en los caminos que bajan hacia el río, los suministros no se pueden dar por hechos: sin gas natural, con un alcantarillado que no siempre llega, con agua de pozo y saneamiento por fosa séptica, y con una acometida eléctrica dimensionada para una casa que no cocinaba con inducción ni calentaba con bomba de calor. Por eso la visita empieza mirando el cuadro, la acometida y el pozo, y no los catálogos de material. En las promociones más recientes de la periferia, en cambio, el encargo es el propio de una casa de veinticinco años: cocina y baño originales agotados, carpintería de aluminio sin rotura de puente térmico y un bajo cubierta que en verano no se puede usar.

En Bordils, lo que más a menudo hace cambiar una decisión ya tomada es el planeamiento de las fachadas del núcleo antiguo: portales, aberturas y acabados pueden tener allí condiciones propias, y más vale consultarlo antes de tomar medidas para la carpintería que cuando ya está en el taller. El resto del procedimiento es el común a todos los ayuntamientos y lo resumimos en la guía de permisos. A pie de obra quedan dos gestiones que no fallan nunca: el permiso para ocupar vía pública con contenedor o andamio y el justificante de vertido del escombro, que entra dentro de la documentación que entregamos al terminar.

Resumiendo lo que nos llega de Bordils: saneamiento de humedades y forjado sanitario en planta baja, reformas integrales de casa de pueblo conservando el portal de arco, apertura de la planta hacia el patio para hacer entrar luz, cambios de uso de la planta baja y puesta al día de cocinas y baños tanto en el núcleo como en la periferia. Cómo se traduce todo eso en un calendario y en un presupuesto por partidas lo tenemos descrito en cómo trabajamos, y el detalle técnico de cada oficio, en su página de servicio. Aquí nos hemos limitado a lo que es propio de Bordils.

Preguntas sobre reformas en Bordils

¿Hacen reformas en Bordils?

Sí. Bordils (Gironès) está dentro de nuestra zona de trabajo habitual con equipo propio, sin recargo de desplazamiento. Hacemos reformas integrales, cocinas, baños y rehabilitación, y la visita para valorar la obra es gratuita.

¿Cuánto cuesta una reforma en Bordils?

Las franjas son las mismas que en el resto de la comarca: de 450 a 1.350 €/m² en una reforma integral según el nivel, de 4.500 a 9.000 € un baño completo y de 6.500 a 14.000 € una cocina. Lo que cambia entre municipios no es el precio unitario, sino el estado de partida del edificio y la facilidad de acceso a la obra.

¿Se encargan del permiso en el ayuntamiento?

Sí. Tramitamos la comunicación previa o la licencia de obras en el Ayuntamiento de Bordils, reservamos el contenedor y gestionamos el escombro en planta autorizada con el justificante de vertido.

Presupuesto gratuito

¿Quiere saber qué cuesta su reforma?

Visitamos la vivienda, tomamos medidas y le entregamos un presupuesto detallado por partidas, sin compromiso y sin letra pequeña.