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Humedades

Tratamiento de humedades: diagnóstico antes que solución

Una humedad se trata según de dónde viene el agua, y solo hay cuatro orígenes posibles: capilaridad desde el terreno, filtración desde fuera, condensación sobre superficies frías y la avería de una tubería. Cada uno exige una obra distinta y ninguno se resuelve pintando por encima. Por eso el trabajo empieza con un diagnóstico —altura de la mancha, comportamiento después de la lluvia, humedad medida en el material— y el presupuesto sale después. Trabajamos en Girona, el Gironès y el Pla de l’Estany.

Duración habitual
Diagnóstico en una o dos visitas; la obra, de pocos días a varias semanas, más el secado
Precio orientativo
Presupuesto a medida después de la visita
Base de un muro interior con el revestimiento picado hasta un metro de altura, con la piedra vista antes del tratamiento de humedad

Una humedad no es un acabado estropeado: es agua que llega de algún sitio. Mientras no se sepa de dónde viene, cualquier obra que se haga es una apuesta. Por eso esta página no empieza por los productos ni por los materiales, sino por el diagnóstico, que es la parte del trabajo que casi no se ve en el presupuesto y la que decide si la obra va a servir de algo.

Tratamos humedades como trabajo propio, no solo como un capítulo dentro de una <a href="/es/reformas-integrales/">reforma integral</a>. A veces la intervención es medio día en la cubierta y a veces es abrir el perímetro entero de una planta baja. Lo que no cambia es el orden: entender el origen, cortar el agua, esperar a que el material se seque y, solo al final, rehacer el acabado. Quien invierte ese orden paga el acabado dos veces. Si lo que quiere primero es aprender a distinguirlas usted mismo, lo explicamos en <a href="/es/blog/tipos-de-humedades-como-distinguirlas/">tipos de humedades y cómo distinguirlas</a>.

Cuatro orígenes y cuatro obras que no se parecen

El agua de una pared húmeda solo puede venir de cuatro sitios: del terreno, que sube por los poros del muro; de fuera, que entra por un defecto de la fachada o de la cubierta; del aire de dentro, que condensa sobre una superficie fría; o de una tubería que pierde. No hay un quinto origen, y esa es la parte buena: el diagnóstico es un problema cerrado y se puede resolver.

La parte mala es que las cuatro obras son distintas y, en buena medida, incompatibles entre sí. Contra la capilaridad se trabaja en la base del muro y se abre el perímetro. Contra una filtración se sube a la cubierta o a la fachada y a menudo no hace falta tocar el interior. Contra la condensación no se trata la pared sino el aire y la temperatura de la superficie. Y contra una fuga se busca el tramo de tubería. Aplicar la solución equivocada no deja las cosas como estaban: una impermeabilización que va bien para detener una filtración, puesta sobre una capilaridad, le quita la salida al agua y hace subir el frente medio metro más arriba.

Por eso la primera pregunta de un presupuesto serio no es cuántos metros cuadrados de pared hay, sino de dónde viene el agua. Dos presupuestos para la misma mancha pueden diferir en un orden de magnitud y ser los dos correctos, sencillamente porque no están tratando el mismo problema.

  • Capilaridad: barrera en la base del muro, drenaje y revestimientos que dejen evaporar.
  • Filtración: localización del punto de entrada y reparación de la envolvente, casi siempre desde fuera.
  • Condensación: extracción, ventilación y eliminación del punto frío; la pared casi no se toca.
  • Fuga o accidente: localización del tramo, reparación y retirada del material que se ha bebido el agua.
  • Combinaciones: en una planta baja es habitual encontrar dos a la vez, y el orden en que se tratan no es libre.

La visita de diagnóstico: qué miramos y qué medimos

La visita empieza con preguntas, no con aparatos. A qué altura llega la mancha y dónde empieza. Cuándo se vio por primera vez y qué pasaba en la casa aquellos meses. Si se mueve después de una lluvia o si va igual todo el año. Qué hay al otro lado del paramento: un baño, un patio, tierra. Y qué se ha tocado en los últimos años, porque muchas humedades aparecen justo después de una carpintería nueva, de un revoco de cemento o de un pavimento que ha tapado la única superficie por la que el muro respiraba.

Después se mira el paramento por las dos caras y desde fuera. Se busca la línea donde se detiene el frente y si es continua, el polvo blanco de sales en la base, si el revestimiento solo está manchado o se ha disgregado, y si el moho se va con un trapo o el material está blando por debajo. Estas comprobaciones ya separan una humedad superficial de una que ha cargado el muro, que son dos obras muy distintas.

Y se mide, porque estimar no sirve. La humedad del aire se lee con un higrómetro ambiental. La del material, no: un higrómetro de contacto da lecturas altas cuando hay sales aunque el muro esté seco, de modo que solo vale para comparar puntos entre sí. Cuando la cifra tiene que decidir algo —por ejemplo si ya se puede colocar un pavimento— se usa la medida de carburo o el secado en estufa a 105 °C. Los términos que aparecen en un informe de humedades están definidos en el <a href="/es/glosario-obra/">glosario de obra</a>, por si quiere leerlo con el diccionario al lado.

  • Dos visitas cuando hace falta: una con la casa como está y otra después de una lluvia con viento.
  • Marcar el borde de la mancha con la fecha al lado: un mes de marcas vale más que cualquier aparato.
  • Fotos de la misma pared en épocas distintas del año, si las tiene.
  • Lectura del contador con todo cerrado, cuando la mancha crece sin esperar a la lluvia.
  • Comprobación del exterior: canalones, vierteaguas, junta con la medianera y nivel del terreno arrimado al muro.

Capilaridad: cortar el ascenso, reducir el aporte y devolver la evaporación

Un muro sin barrera en la base chupa el agua del terreno por sus poros y la reparte hacia arriba hasta que lo que se evapora por la cara vista compensa lo que llega por debajo. Ese equilibrio es lo que dibuja una franja de altura constante, más alta en la cara norte y en el interior que en el lado que toca el sol. Solo ocurre donde hay terreno en contacto con el muro: planta baja, sótano, o una casa de pueblo con la calle arrimada a la fachada.

El tratamiento tiene tres patas y ninguna es un producto que se pinte. La primera es cortar el ascenso, normalmente con una barrera inyectada en la base del muro, perforando a intervalos regulares y saturando la hilada hasta que el producto forma una franja continua. La segunda es reducir lo que llega: drenaje perimetral con tubo ranurado, grava lavada y geotextil cuando hay terreno alrededor, y rebajar el nivel exterior cuando ha ido subiendo con los años. La tercera es devolverle al muro la salida del vapor: retirar el revestimiento cargado de sales y rehacerlo con morteros de cal macroporosos que dejen evaporar y alojen la sal que queda. En casas de piedra lo detallamos partida por partida en la página de <a href="/es/rehabilitacion-de-masias/">rehabilitación de masías</a>, que es donde esta patología aparece casi siempre.

Y aquí toca decir algo que no se oye mucho: en capilaridad no siempre hay una solución definitiva. Una inyección funciona bien en un muro homogéneo, accesible y de espesor moderado. En una pared de mampostería con relleno interno, llena de huecos y de piedras de tamaños distintos, no hay manera de garantizar que la barrera haya quedado continua, y entonces lo que se puede prometer honestamente es control, no erradicación. Pasa lo mismo cuando no se puede acceder a una de las dos caras, cuando el muro es medianero o cuando la estancia queda por debajo del nivel de la calle. En esos casos planteamos el objetivo de otra manera —bajar el frente, estabilizar el acabado y contar con un mantenimiento— y se dice antes de empezar, no cuando la mancha vuelve a salir.

  • Muro homogéneo, accesible y de espesor moderado: la inyección es fiable.
  • Mampostería con relleno, espesores grandes o una cara inaccesible: barrera parcial y objetivo de control.
  • Terreno arrimado y sin drenaje: sin tocar eso, cualquier barrera trabaja en contra.
  • Sales: aunque se corte el origen, el revestimiento contaminado sigue captando humedad del aire y hay que retirarlo.
  • El resultado se juzga después de un invierno entero, no la semana siguiente.

Filtración: la reparación es el punto de entrada, no la mancha

Una filtración es agua líquida que atraviesa la envolvente por un defecto concreto: una grieta en el revoco, una junta abierta entre carpintería y obra, un vierteaguas sin goterón, una impermeabilización de terraza que ya ha hecho su vida, un canalón que rebosa por detrás, una teja movida o un encuentro mal resuelto entre cubierta y medianera. La mancha puede salir a cualquier altura y en cualquier planta, y se mueve a saltos: crece unas horas o un par de días después de la lluvia y luego se detiene.

Localizar el punto de entrada es la mitad del trabajo y se hace por eliminación, mojando una sola zona cada vez y de abajo arriba mientras alguien mira desde dentro. Mojarlo todo a la vez ahorra una hora y cuesta una obra, porque si sale agua ya no se sabe por dónde entraba. Las que más cuesta reproducir son las filtraciones de lluvia con viento, las que golpean de cara contra la fachada: hay paredes que solo filtran con temporal y que con la manguera no dicen nada. En un <a href="/es/reformas-de-locales-y-oficinas/">local o una oficina</a> el punto de entrada suele ser otro: el encuentro del escaparate con el pavimento, un patio interior que desagua mal o una claraboya.

Cuando el agua entra por un elemento común —fachada, cubierta o bajantes generales— la reparación no es una decisión individual, y eso alarga los plazos. Lo que sí está en su mano es el registro: fotos fechadas, marcas en el borde de la mancha después de cada lluvia y comunicación por escrito desde el primer día. Si el edificio ya ha pasado la inspección técnica que regula el Decreto 67/2015, el informe suele recoger las deficiencias de la envolvente y es el documento que mejor sostiene una reclamación.

  • Marcar y fechar el borde de la mancha después de cada lluvia durante un mes.
  • Probar con manguera por zonas, de abajo arriba y una sola zona cada vez.
  • Revisar canalones y bajantes antes de tocar la fachada: es el defecto más barato y más frecuente.
  • En elementos comunes, documentarlo por escrito desde el primer día.
  • No cerrar ni pintar hasta que el paramento haya secado, aunque la reparación ya esté hecha.

Condensación: se trata el aire y el punto frío, no la pared

El aire caliente lleva más vapor que el frío y lo suelta cuando toca una superficie suficientemente fría. Con el aire de casa a veinte grados y un sesenta por ciento de humedad relativa, basta con que un punto baje de unos doce grados para que se forme agua. El vapor lo genera el uso normal de la casa —ducharse, cocinar, respirar y sobre todo tender la ropa dentro— y los puntos fríos los pone el edificio: esquinas entre dos fachadas, cantos de forjado, dinteles, cajas de persiana y la pared de detrás de un armario empotrado contra la calle, donde el aire no se mueve.

Por eso aquí la pared casi no se toca: lo que hacemos es sacar vapor y calentar la superficie. Extracción con salida real al exterior en la cocina y en el baño, no a un falso techo ni a un patio cerrado, un punto que detallamos en la página de <a href="/es/reformas-de-bano/">reformas de baño</a> y en la de <a href="/es/reformas-de-cocina/">reformas de cocina</a>. Ventilación cruzada, corta e intensa, que renueva el aire en pocos minutos sin enfriar los paramentos. Y tratamiento del punto frío concreto: aislar ese tramo por el interior con material permeable al vapor, resolver la caja de persiana o separar el mueble de la pared para que circule aire. El Decreto 141/2012 fija las condiciones mínimas de habitabilidad de las viviendas en Cataluña, ventilación incluida, y es el marco al que se ajusta cualquier reforma.

La parte honesta es esta: la obra puede reducir mucho el riesgo, pero no decide cuánta gente vive en la casa ni si la colada se tiende en el comedor. Si una carpintería nueva ha sellado un piso que antes ventilaba solo por las rendijas, el problema de frío se ha cambiado por un problema de humedad y se resuelve con ventilación, no con pintura. Un deshumidificador tampoco es una reparación: es una manera de convivir con ello mientras no se toca ninguna de las dos causas.

  • Extractor de baño y campana de cocina con conducto hasta el exterior y caudal suficiente.
  • Ventilación cruzada de pocos minutos, mejor que una ventana entreabierta todo el día.
  • Aislamiento interior permeable al vapor en el punto frío concreto, no en toda la casa.
  • Cajas de persiana: de los puntos fríos que más condensan y de los más fáciles de resolver.
  • Higrómetro en casa: si el aire se mantiene muy por encima del 60 % de forma sostenida, el problema es de ventilación.

Fugas y accidentes: la única humedad que no espera a la lluvia

El cuarto origen no es una patología del edificio sino una avería: una tubería de presión que gotea dentro de un tabique, un desagüe que pierde en el encuentro con el sifón, la impermeabilización de un plato de ducha que ha fallado por la junta o un electrodoméstico. Se distingue de las otras tres por el comportamiento: crece cada día, no se detiene, no le importa el mes del año y, si el tubo es de agua caliente, a menudo la pared está tibia al tacto.

La comprobación inicial es la lectura del contador con todo cerrado: si se mueve sin que nadie consuma, la pérdida está en la red de presión. Si no se mueve, el sospechoso es el desagüe, que solo pierde cuando se utiliza, o el baño de la planta de arriba. Localizar bien antes de abrir es lo que ahorra alicatado y días de obra: se busca el tramo, no la pared entera.

Una vez reparada la avería queda la parte que la gente no espera, que es el material que se ha bebido el agua. El aglomerado de un mueble bajo de cocina, una placa de yeso empapada por la base o una manta acústica bajo un parquet no se recuperan secándose: hay que sacarlos. Y antes de colocar un pavimento nuevo sobre una solera que ha estado mojada hay que medir la humedad que le queda, no mirarla. Es el criterio técnico de referencia del sector, recogido en la UNE 56810, y es el motivo de que un <a href="/es/pavimentos-parquet-y-vinilico/">parquet</a> colocado demasiado pronto se hinche por las juntas a los pocos meses.

Por qué pintar o tapar no resuelve nada

La mancha no es la lesión: es la salida. Taparla elimina la única información que usted tenía y deja el agua exactamente donde estaba. Una pintura antihumedad es una película, y sobre un muro que está evaporando agua el vapor la empuja desde dentro hasta que la ampolla y la hace saltar a placas. Sobre una condensación el fungicida gana una temporada, pero la superficie sigue siendo el punto más frío de la habitación y el moho vuelve al mismo rincón el invierno siguiente, porque la causa era la temperatura y no el color.

Con un trasdosado de placa de yeso delante de una capilaridad el mecanismo es el mismo, pero escondido. El agua sigue subiendo y ha perdido la cara por la que se evaporaba, de modo que el frente busca salida más arriba y reaparece por encima del trasdosado al cabo de un año o dos. Dentro, las sales cristalizan a oscuras, los perfiles se oxidan y la placa se deshoja por la base. Una cámara cerrada, húmeda y sin ventilación es el mejor sitio para el moho que se puede construir, y ahora ya no se ve.

Hay una excepción legítima y vale la pena decirla con claridad: tapar es correcto cuando la causa ya está resuelta y el muro ha secado, y es aceptable como medida provisional mientras se espera a que una comunidad repare una fachada, siempre que se diga que es provisional. Lo que no es aceptable es cobrarlo como una reparación.

El orden del trabajo y el tiempo de secado

El orden no es una preferencia de estilo, es la condición para que el trabajo dure. Cada paso depende de que el anterior esté resuelto, y saltarse uno hace fracasar toda la cadena aunque los materiales sean correctos.

La espera es la partida que nadie quiere y la que decide el resultado. Un muro no se seca porque se le pongan estufas: el calor seca la cara vista mientras el corazón sigue cargado, y si se mide al día siguiente de haber forzado el secado la lectura engaña, porque en pocos días la humedad vuelve a repartirse hacia la superficie. La regla práctica es medir, esperar una semana y volver a medir antes de cerrar nada. Semanas en un tabique fino; meses en un muro de piedra o de tapia de gran espesor.

Esto tiene una consecuencia directa en el calendario: un tratamiento de humedades no es una obra continua, tiene una pausa en medio, y hay que planificarlo así desde el primer día. En <a href="/es/como-trabajamos/">cómo trabajamos</a> está el detalle de cómo se fijan las fases, los accesos y la limpieza entre ellas.

  • Primero, cortar el agua que viene de fuera: cubierta, canalones, fachada y fugas.
  • Segundo, cortar la que sube del terreno: barrera y drenaje perimetral.
  • Tercero, retirar el revestimiento cargado de sales y dejar el muro abierto.
  • Cuarto, esperar y medir; no se cierra nada mientras la cifra no baje.
  • Quinto, ajustar el aire: extracciones, ventilación y puntos fríos.
  • Y solo entonces, rehacer el acabado con materiales transpirables y pintar.

Por qué una humedad mal diagnosticada vuelve al cabo de un año

El plazo no es casualidad: es el ciclo de las estaciones. La condensación desaparece sola en mayo y vuelve en noviembre. La capilaridad baja en verano y sube a final de invierno. Una filtración puede pasar medio año sin dar ninguna señal si no hay lluvia con viento. Cualquier reparación juzgada en julio parece perfecta, y por eso los trabajos hechos con prisa en primavera se cobran en el enero siguiente.

La segunda razón es que un diagnóstico equivocado suele dejar la causa intacta y solo le quita la salida. La pared se ve bien porque está tapada y, mientras tanto, el muro sigue cargándose. Cuando reaparece, la mancha está más alta que la primera vez y el material está peor que antes, así que la segunda obra es más cara que la que se tendría que haber hecho.

Por eso, cuando volvemos a una pared que ha rebrotado, lo primero que revisamos no es el material que pusimos: es el diagnóstico. Dejamos por escrito qué se encontró, qué se hizo y qué esperamos ver al cabo de un año, y pedimos que las marcas fechadas no se borren. Trabajamos en Girona y en los <a href="/es/zonas/">municipios del Gironès y el Pla de l’Estany</a>, y la visita es el punto de partida de todo: puede pedirla desde <a href="/es/contacto/">contacto</a>.

Qué incluye el servicio

Qué incluye el servicio

Todo esto va dentro del presupuesto cerrado. Lo que no esté, se lo diremos antes.

  • 01

    Visita de diagnóstico

    Inspección del paramento por las dos caras y desde fuera, historia de la mancha y comprobación del entorno antes de proponer nada.

  • 02

    Medición, no estimación

    Humedad relativa del aire y humedad del material, porque un higrómetro de contacto falsea la lectura cuando hay sales.

  • 03

    Corte de la capilaridad

    Barrera inyectada en la base del muro, drenaje perimetral y cámara ventilada cuando hay sitio para hacerla.

  • 04

    Reparación de filtraciones

    Localización del punto de entrada y reparación de grietas, juntas, vierteaguas, canalones y encuentros de cubierta.

  • 05

    Corrección de condensación

    Extracciones con salida real al exterior, ventilación cruzada y tratamiento del punto frío que moja.

  • 06

    Saneamiento y acabado transpirable

    Retirada del revestimiento cargado de sales, secado controlado y reconstrucción con morteros de cal.

Cómo lo hacemos

Cómo lo hacemos

El mismo método en todas las obras, sea un baño o una masía entera.

  1. 01

    Visita y toma de datos

    Sin coste ni compromiso

  2. 02

    Presupuesto detallado por partidas

    En 3–5 días laborables

  3. 03

    Definición de acabados y planificación

    Calendario de obra por semanas

  4. 04

    Permisos y gestión administrativa

    Documentación a su nombre

  5. 05

    Ejecución con un solo interlocutor

    Un responsable de obra asignado

  6. 06

    Repaso, entrega y garantía

    Garantía escrita de los trabajos

Preguntas frecuentes

Preguntas sobre este servicio

¿Cómo deciden qué tratamiento necesita una pared húmeda?

Con el diagnóstico, y antes de hablar de materiales. Se mira a qué altura llega la mancha y si su límite forma una línea continua, si hay sales blancas en la base, si el moho es superficial o el revestimiento está disgregado, y cómo se comporta después de una lluvia y a lo largo del año. Se mide la humedad relativa del aire y, cuando la cifra tiene que decidir algo, la humedad del material con medida de carburo o secado en estufa. A veces hacen falta dos visitas, porque hay filtraciones que solo se manifiestan con lluvia de viento.

¿Se puede eliminar del todo una humedad por capilaridad?

No siempre, y preferimos decirlo antes de empezar. En un muro homogéneo, accesible y de espesor moderado, una barrera inyectada con drenaje y revestimientos transpirables da un resultado estable. En una pared de mampostería con relleno interno, en espesores grandes o cuando no se puede acceder a una de las caras, no hay manera de garantizar que la barrera haya quedado continua: entonces el objetivo realista es controlarla —bajar el frente, estabilizar el acabado y contar con mantenimiento— y no prometer un muro seco para siempre.

¿Por qué no se puede presupuestar un tratamiento de humedades sin verlo?

Porque el precio no depende de los metros de pared afectados sino del origen del agua. La misma mancha puede ser media jornada de trabajo en un canalón o abrir el perímetro entero de una planta baja. Un presupuesto hecho sin diagnóstico solo puede ser un producto aplicado a ciegas, que es exactamente lo que hace que la humedad vuelva al cabo de un año. La visita sirve para decidir qué hay que hacer; el presupuesto sale después, por partidas y con mediciones.

¿Cuánto cuesta tratar una humedad?

Depende del origen y del alcance, y cualquier cifra previa a la visita es orientativa. Como franja de mercado, la inyección de una barrera química contra la capilaridad se mueve entre unos 90 y 180 euros por metro lineal de muro, y a eso hay que sumar el saneamiento del revestimiento, el drenaje cuando hace falta y el acabado. Una filtración puntual puede ser mucho menos y una planta baja con drenaje perimetral, bastante más. En <a href="/es/precios-reformas-girona/">precios de reformas</a> están las franjas orientativas de mercado del resto de partidas. No son ofertas: el precio vinculante sale del presupuesto.

¿Cuánto hay que esperar antes de pintar o de colocar un pavimento?

Más de lo que parece. Un tabique fino puede tardar semanas y un muro de piedra o de tapia, meses. Forzar el secado con estufas seca la cara vista y falsea la medición, porque en pocos días la humedad vuelve a subir hacia la superficie. El criterio es medir, esperar una semana y volver a medir. Con un pavimento de madera el umbral lo marca la humedad que queda en la solera, medida en profundidad y no en la superficie.

¿Se puede vivir en casa mientras se hace el trabajo?

En la mayoría de casos sí, porque el tratamiento suele quedar limitado a un paramento o a una estancia. Hay dos excepciones habituales: cuando hay que abrir el perímetro interior de una planta baja y cuando el trabajo afecta a la cocina o al único baño. Se planifica por zonas, y la pausa de secado suele ser la parte menos molesta de todas, porque durante esas semanas no hay nadie trabajando dentro de casa.

La humedad entra por la fachada o desde el piso de arriba. ¿Qué puedo hacer?

Documentarlo desde el primer día y separar lo que es suyo de lo que es común. Fachada, cubierta y bajantes generales suelen ser elementos comunes y la reparación corresponde a la comunidad; una fuga del baño del vecino es una avería privada. Fotos con fecha, marcas en el borde de la mancha después de cada lluvia y comunicación por escrito son lo que sostiene cualquier reclamación. Si el edificio ya ha pasado la inspección técnica que regula el Decreto 67/2015, el informe suele recoger las deficiencias de la envolvente. Nosotros hacemos el diagnóstico y la reparación de la parte que le corresponde, pero la decisión sobre elementos comunes no es nuestra.

¿Hacen también el acabado o solo el tratamiento?

Las dos cosas, y normalmente en dos entradas separadas por el secado. Una vez cortada la causa y retirado el revestimiento cargado de sales, se rehace el paramento con morteros transpirables y se acaba con pintura permeable al vapor. Si la humedad aparece mientras se prepara una obra mayor, se integra en la <a href="/es/reformas-integrales/">reforma integral</a> como primera fase, porque es la única partida que no puede ir después de los acabados.

Zonas

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Trabajamos con equipo propio en todo el Gironès y el Pla de l’Estany. Elija su municipio para ver qué hacemos habitualmente allí.

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