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Cocinas

Reformas de cocina en Girona y comarcas

Reformar una cocina de 8 a 12 m² en Girona cuesta orientativamente entre 6.500 y 14.000 €, y la obra suele durar de 2 a 4 semanas. El precio depende sobre todo de tres cosas: si se mueve el punto de agua y el gas, el material de la encimera y la gama de los electrodomésticos. Nosotros lo hacemos todo: derribo, instalaciones, revestimientos, mobiliario y puesta en servicio.

Duración habitual
2 a 4 semanas
Precio orientativo
De 6.500 a 14.000 € (orientativo)
Cocina reformada con frente sin tiradores, encimera de gran formato e isla central

La cocina es la estancia que más se usa y la que antes se queda obsoleta. También es la que más valor añade a la vivienda cuando se hace bien, y la que más dinero hace perder cuando se hace con prisas o comprando solo muebles.

Una cocina no es un mueble: es una instalación. Detrás del frente hay agua, desagüe, gas o inducción, ventilación y entre seis y diez circuitos eléctricos. Si esa parte se hace mal, el mueble más bonito del catálogo no lo arreglará.

Esta página explica las decisiones que de verdad mueven el resultado y el presupuesto: dónde están los puntos fijos que no se negocian, qué implica abrir la cocina al comedor si la pared trabaja, cómo se extrae el humo de verdad, qué encimera aguanta qué, qué cotas exigen los electrodomésticos encastrados y en qué orden hay que decidirlo todo para que la obra no se pare. El pavimento lo tratamos a fondo en la página de pavimentos, parquet y vinílico, y las franjas de precio generales, en la página de precios de reformas en Girona.

El triángulo de trabajo y por qué en un piso estrecho no se aplica igual

El principio que usamos es el triángulo de trabajo: nevera, fregadero y fuego deben formar un triángulo con los lados cortos y sin obstáculos. Las guías de planificación de cocinas de la NKBA, de donde viene el criterio, le ponen números: ningún lado por debajo de 1,20 m ni por encima de 2,70 m, y la suma de los tres por debajo de 8 m. Por encima de esa suma se camina de más cada día; por debajo de 1,20 m por lado, los tres puntos se pisan entre ellos. Y ningún paso de circulación debería cruzar el triángulo.

Pero el triángulo no lo es todo. Lo que hace cómoda una cocina son las zonas de apoyo: la encimera libre a un lado y a otro de cada punto. Las mismas guías piden como mínimo 38 cm de encimera libre junto a la nevera, 60 cm a un lado del fregadero y 45 cm al otro, y 30 y 38 cm a ambos lados de la placa. Tres metros de encimera mal repartidos son peores que dos metros bien repartidos.

En muchas cocinas de piso del Gironès y del Pla de l’Estany el triángulo sencillamente no se puede dibujar. Con una anchura libre de 2,10 a 2,40 m y una sola pared útil, la cocina es en línea y el triángulo se convierte en una recta. Entonces el criterio cambia: se trata de ordenar la secuencia —nevera, encimera de preparación, fregadero, encimera, placa— y de no cruzarla nunca. La zona sucia, fregadero y lavavajillas, va junto al bajante; la zona caliente, placa y horno, en el extremo que tiene la salida de humos; y la preparación en medio, que es donde debe ir el tramo largo de encimera libre.

Si la cocina tiene dos filas enfrentadas, manda la anchura del pasillo central: esas mismas guías piden 1,07 m para una persona cocinando y 1,22 m si hay dos a la vez. Por debajo de un metro, un lavavajillas abierto bloquea el paso y dos personas no se cruzan. Y si al fondo está la puerta de la galería o del lavadero, ese tránsito no puede atravesar la zona de trabajo: es el detalle que convierte una cocina correcta sobre plano en una cocina donde siempre hay alguien en medio.

Una isla necesita un mínimo de 90 cm libres a cada lado para poder abrir puertas y circular, y 1,07 m si es zona de trabajo con cajones a ambos lados. Por debajo de eso, la isla convierte una cocina en un pasillo. Si el espacio no da, una encimera más larga rinde mucho más que una isla forzada, y cuesta bastante menos: una isla con agua o con placa arrastra desagüe, agua y un circuito eléctrico hasta el centro de la estancia, por debajo del pavimento.

El bajante es el otro punto fijo y condiciona más que el gusto. El CTE DB-HS 5 fija la pendiente de las derivaciones individuales de los aparatos —del 2,5 al 5 % en sistemas no ventilados— y 40 mm de diámetro mínimo para el fregadero, el lavavajillas y la lavadora. Cada metro que aleje el fregadero del bajante son de 2,5 a 5 cm de caída que tienen que salir de algún sitio: del zócalo del mueble, de un falso suelo o de un resalte bajo el armario. Por eso mover el fregadero tres metros no es una línea en el plano.

  • Lados del triángulo: de 1,20 a 2,70 m cada uno, y la suma de los tres por debajo de 8 m.
  • Zonas de apoyo: 38 cm junto a la nevera · 60 y 45 cm a los lados del fregadero · 30 y 38 cm a los de la placa.
  • Pasillo entre dos filas enfrentadas: 1,07 m para un usuario, 1,22 m para dos.
  • Isla: 90 cm libres a cada lado como mínimo; 1,07 m si se trabaja con cajones a ambos lados.
  • Cocina en línea: secuencia nevera → preparación → fregadero → preparación → placa, sin cruzarla.
  • Lavavajillas siempre pegado al fregadero, y en el lado por el que se vacía hacia el cajón de cubiertos.
  • Derivaciones de desagüe: pendiente del 2,5 al 5 % y 40 mm de diámetro mínimo (CTE DB-HS 5).

Abrir la cocina al comedor: cuándo se puede y qué implica

Es la reforma que más cambia un piso y también la que más a menudo se da por hecha antes de comprobarla. La primera pregunta no es estética: la pared que quiere quitar, ¿trabaja? No lo decide el grosor. Un tabique de 4 a 9 cm casi siempre es de reparto y se puede quitar; una pared de 11 a 15 cm puede ser de carga o no serlo. Quien debe decirlo es un técnico con los planos delante, mirando la dirección de las viguetas, la continuidad de la pared en las plantas de arriba y de abajo y, si hace falta, abriendo una cata.

Si la pared es de carga, la apertura no queda descartada: se sustituye. Se apuntala el forjado superior, se abre por tramos y nunca toda la pared de golpe, se coloca una viga metálica —perfil HEB o IPN, o dos UPN acoplados— con su entrega a ambos lados sobre un dado de reparto, y se acuña la parte superior con mortero sin retracción para que la viga entre en carga el mismo día y el techo no baje. La sección del perfil y la entrega las da el cálculo estructural, no la costumbre.

Hay dos consecuencias que no aparecen en el presupuesto del mueble. La primera: una apertura en un elemento estructural es obra mayor en la mayoría de ordenanzas municipales y exige proyecto, técnico que la dirija y licencia; además, el artículo 7.1 de la Ley de Propiedad Horizontal obliga a dar cuenta previamente a quien representa a la comunidad y no ampara ninguna obra que altere la seguridad o la estructura del edificio. La segunda: el acero visto no cumple por sí solo. El CTE DB-SI exige resistencia al fuego en la estructura —R 60 en vivienda con altura de evacuación hasta 15 m y R 90 hasta 28 m—, así que la viga debe protegerse con mortero proyectado, placas o pintura intumescente. Esta partida se olvida muy a menudo y no es barata.

Abrir la cocina también cambia dos cosas que se notan cada día. Si hay aparatos de gas, la estancia pasa a ser otro local a efectos del reglamento: las condiciones de ventilación y de volumen de la ITC-ICG 07 del RD 919/2006 deben volver a justificarse con una empresa instaladora habilitada, y es uno de los motivos por los que muchas aperturas acaban con el cambio a inducción. Y el olor y el ruido dejan de quedarse en la cocina: con la cocina abierta, la campana pasa de ser un accesorio a ser la pieza que decide si el sofá huele a frito. En cambio, el DB-HR no añade ninguna exigencia: el aislamiento acústico no se exige entre recintos de una misma unidad de uso.

Y no siempre hay que quitar toda la pared. Una apertura de paso de 1,20 a 1,60 m con dintel mantiene la relación visual por una fracción del coste; un tabique acristalado de acero frena el olor y deja pasar toda la luz; y una barra pasaplatos resuelve la comunicación sin tocar la estructura. Cuando la pared es de carga vale la pena valorar estas tres alternativas antes de decidir, porque la diferencia de precio entre una apertura de 1,50 m y vaciar seis metros de pared no es proporcional a la anchura: cada metro de más hace crecer el perfil, la entrega y el apuntalamiento.

  • El grosor no decide nada: lo deciden la dirección de las viguetas, la continuidad en altura y, si hace falta, una cata.
  • Pared de carga: apuntalamiento previo, apertura por tramos y viga metálica con entrega calculada sobre dado de reparto.
  • Acuñado superior con mortero sin retracción; sin eso la viga no entra en carga y el techo baja.
  • Protección al fuego de la viga: R 60 en vivienda hasta 15 m de altura de evacuación y R 90 hasta 28 m (CTE DB-SI).
  • Trámite: obra mayor con proyecto y dirección técnica, y comunicación previa a la comunidad (art. 7.1 de la Ley de Propiedad Horizontal).
  • Con aparatos de gas, hay que volver a justificar la estancia según la ITC-ICG 07 del RD 919/2006.
  • Alternativas antes de vaciar: apertura con dintel, tabique acristalado o barra pasaplatos.

Ventilación y extracción: conducto propio, shunt comunitario o carbón

Aquí hay más confusión que en ningún otro punto de la cocina, y la normativa es clara. El CTE DB-HS 3 exige en las cocinas un caudal de extracción general de 2 l/s por m² de superficie útil y, además, un sistema adicional específico para los vapores de la cocción, con un caudal mínimo de 50 l/s —180 m³/h— y conectado a un conducto de extracción propio. Son dos cosas distintas: la ventilación de la estancia y la extracción de la placa. Y la segunda debe tener conducto independiente.

En la práctica, en un piso existente hay tres escenarios. El mejor es el conducto propio que sube hasta la cubierta: es el único que saca de casa el olor, el vapor y la grasa. El segundo es el shunt comunitario, el conducto colectivo de toda la escalera: se diseñó para ventilación natural, no para recibir el motor de una campana, y enchufarle una campana forzada puede empujar los humos hacia los pisos vecinos. Antes de conectarse hay que saber qué admite el conducto y qué dice la comunidad; no es una decisión que se tome a pie de obra. El tercero es no tener salida por ningún lado, y entonces la respuesta honesta es la recirculación.

Una campana de recirculación hace pasar el aire por un filtro metálico de grasa y después por un filtro de carbón activo, y lo devuelve a la estancia. Retiene el olor y la grasa; no saca ni el vapor ni el calor. Eso tiene dos consecuencias prácticas: hay que poder ventilar la estancia de alguna manera para eliminar la humedad de hervir, y el filtro de carbón es un consumible con vida útil declarada en la ficha, mientras que el metálico simplemente se lava en el lavavajillas. Una campana de recirculación con el carbón agotado no filtra nada: solo hace ruido.

Cuando hay conducto, lo que arruina el caudal no es la campana, es la instalación. Pasar de 150 a 120 mm de diámetro es perder un 36 % de sección; el tubo flexible corrugado pierde mucha más presión que el rígido; y cada codo de 90° es un peaje. La regla es corta y recta: el recorrido más corto posible, tubo rígido, los mínimos codos y, si tiene que pasar por un falso techo, decidido antes de bajarlo y no después.

Dos detalles de seguridad y uno de garantía. Si en la cocina hay una caldera o un calentador de cámara abierta, de tiro natural, una extracción forzada puede provocar retorno de productos de la combustión: hay que comprobarlo antes de dimensionar nada. Si la campana es de isla o de extracción descendente integrada en la encimera, el conducto tiene que salir por debajo y eso se resuelve mientras todavía se puede tocar el pavimento. Y la distancia entre la placa y la campana la fija la ficha del fabricante, habitualmente del orden de 65 cm sobre gas y de 50 a 55 cm sobre inducción: por debajo, la garantía decae y la grasa se cuece en el filtro.

  • Ventilación general de la cocina: 2 l/s por m² útil (CTE DB-HS 3).
  • Extracción específica de la cocción: mínimo 50 l/s, es decir 180 m³/h, con conducto independiente.
  • Conducto propio hasta cubierta: la única solución que saca vapor, calor y olor de la vivienda.
  • Shunt comunitario: diseñado para tiro natural. Conectarle una campana forzada hay que consultarlo siempre.
  • Recirculación con carbón activo: válida cuando no hay salida; retiene olor y grasa, no saca vapor ni calor.
  • Filtro metálico, al lavavajillas. Filtro de carbón, consumible con vida útil declarada en la ficha.
  • Tubo rígido mejor que corrugado: de 150 a 120 mm de diámetro se pierde un 36 % de sección.
  • Distancia placa-campana: la de la ficha; del orden de 65 cm sobre gas y de 50 a 55 cm sobre inducción.
  • Caldera o calentador de cámara abierta en la cocina: comprobación obligada antes de poner extracción forzada.

La encimera: seis materiales comparados de verdad

La encimera es donde vale la pena subir de gama, y no por capricho: es el único elemento de la cocina que recibe calor, cortes, ácidos y golpes en el mismo palmo de superficie. Ningún material lo gana todo. Lo que hay que hacer es decidir cuál de estas cuatro cosas ocurre más a menudo en su casa —dejar la cazuela directamente, cortar sin tabla, derramar vino o aceite, o dar golpes— y elegir el material que perdona precisamente eso. Esta es la comparación sin retórica comercial:

  • Porcelánico sinterizado (3, 6, 12 y 20 mm) — Calor: excelente, admite la cazuela directa. Rayado: muy resistente. Manchas: porosidad prácticamente nula, no absorbe. Punto débil: el impacto en el canto y en los ángulos del recorte del fregadero; un golpe hace saltar un trozo y no tiene buena reparación.
  • Cuarzo compacto (aglomerado de un 90 % de cuarzo con resina) — Calor: limitada, la resina es el punto débil y los fabricantes desaconsejan el contacto directo con piezas calientes. Rayado: muy resistente. Manchas: no absorbe. Punto débil: el calor y el sol directo; no es material de exterior. Han aparecido gamas de bajo contenido en sílice cristalina.
  • Granito — Calor: muy buena. Rayado: alta. Manchas: es piedra natural y porosa, pide sellado periódico y el aceite y el vino dejan marca si se quedan. Punto débil: la gama de colores es la que da la naturaleza y cada tabla es distinta; hay que ir a elegir la pieza.
  • Laminado HPL sobre aglomerado (postformado de 38 mm) — Calor: baja, una cazuela caliente deja marca permanente. Rayado: aceptable para uso normal. Manchas: la superficie no absorbe. Punto débil: el agua por los cantos y por el recorte del fregadero; si el núcleo de aglomerado se moja, se hincha y no tiene vuelta atrás. Con fregadero sobrepuesto y cantos bien sellados es una opción razonable.
  • Compacto fenólico (HPL macizo de 12 a 16 mm) — Calor: limitada. Rayado: buenas prestaciones, aunque se ven sobre color liso. Manchas: no absorbe. Punto débil: el precio ya no es el de un laminado y el canto oscuro no gusta a todo el mundo. A cambio, no tiene núcleo de aglomerado que pueda hincharse.
  • Madera maciza (roble, haya, bambú) — Calor: baja. Rayado: se raya, pero se repara lijando. Manchas: absorbe y exige aceite de mantenimiento. Punto débil: el agua permanente. Funciona muy bien en una isla o en una zona de comer y mal alrededor del fregadero.
  • Acero inoxidable — Calor: excelente. Rayado: se marca enseguida y acaba haciendo pátina. Manchas: ninguna. Punto débil: la estética industrial y las huellas. Es el estándar de la cocina profesional por algo.

Juntas, voladizos y recortes: lo que decide si la encimera dura

Hay tres decisiones de ejecución que cuentan tanto como el material. La primera es la junta: las tablas tienen un formato máximo de fábrica —del orden de tres metros de largo en cuarzo y algo más en porcelánico de gran formato—, de modo que una encimera continua más larga lleva junta sí o sí. Lo que se decide no es si la habrá, sino dónde cae: nunca sobre el lavavajillas, nunca en mitad del recorte del fregadero y preferiblemente en un cambio de módulo.

La segunda es el voladizo. Los fabricantes limitan cuánto puede volar una pieza sin apoyo y, por encima de unos 30 cm, hace falta escuadra metálica o estructura por debajo. Es exactamente el punto donde falla una barra de desayuno improvisada: la pieza no se rompe el día que se coloca, se rompe el día que alguien se sienta encima.

La tercera son los recortes. Los ángulos del hueco del fregadero y de la placa deben ir redondeados, porque un ángulo vivo es por donde agrieta la pieza con los ciclos de calor. Bajo una placa de inducción va la protección térmica que indique la ficha, y en porcelánico fino de 6 mm la encimera trabaja siempre sobre un soporte continuo: no es una pieza que aguante sola.

El canto y el tipo de fregadero van juntos. Un fregadero bajo encimera, enrasado por debajo, solo es posible con materiales que admitan el canto pulido del recorte: piedra natural, porcelánico o compacto. Sobre un postformado de 38 mm, el fregadero va sobrepuesto o enrasado con marco, y el sellado del perímetro es lo que decide si el mueble de abajo durará cinco años o quince. El canto recto de 20 mm, el canto a inglete para simular 40 o 60 mm y el canto biselado no cambian solo el aspecto: cambian el precio de la pieza y la fragilidad de la esquina.

Frentes y herrajes: donde se nota el paso del tiempo

El frente es lo que se ve y el herraje es lo que se usa. A los diez años, una cocina no se juzga por el color: se juzga porque los cajones siguen cerrando solos y las puertas no se han caído. Por eso, si hay que recortar en algún sitio, se recorta en el material del frente antes que en el herraje.

Los frentes de melamina de buena densidad y los lacados mates antihuellas cubren la mayoría de casos. El polilaminado —el frente de PVC termoplástico sobre DM— es el que más problemas da con el tiempo en los puntos calientes: junto al horno y sobre el lavavajillas, el calor y el vapor levantan la lámina por los cantos. Si elige polilaminado, esas dos posiciones deben resolverse con otro material o con una protección térmica. El lacado mate se raya más que el brillante pero disimula mucho mejor la huella; con el brillante pasa exactamente lo contrario.

El herraje se elige por datos, no por marca. En cajones, el salto real es de la guía de rodillos a la guía oculta con rodamientos y extracción total: la primera solo le deja llegar a tres cuartas partes del cajón y la segunda lo saca entero, que es la diferencia entre ver qué hay al fondo y no verlo nunca. La capacidad de carga declarada es la que manda en los cajones bajo la placa, donde van las cazuelas. La amortiguación debe ir integrada en la guía y en la bisagra, no ser un accesorio añadido. Y las fichas serias declaran los ciclos de apertura ensayados según las normas EN 15338, para elementos extraíbles, y EN 15570, para bisagras: pídalas y compárelas.

Las alturas se deciden con la persona que va a cocinar, no con el catálogo. La altura de trabajo habitual queda entre 85 y 92 cm sumando zócalo, carcasa y encimera, y el criterio ergonómico es situarla de 10 a 15 cm por debajo del codo. Entre la encimera y el mueble alto debe haber de 50 a 60 cm libres para trabajar sin darse golpes en la cabeza. Y aquí viene el número que casi nadie mira: si el mueble alto mide 90 cm y arranca a 1,45 m, el estante de arriba termina a 2,35 m. Por encima de 1,80 o 1,90 m no se llega sin taburete, y todo lo que ponga ahí lo usará dos veces al año. Los módulos altos de 90 y 100 cm tienen sentido con puertas elevables y con la conciencia de que la fila de arriba es almacén, no cocina.

El frente sin tirador tiene dos soluciones y no son equivalentes. La gola —el perfil continuo en forma de J— es mecánicamente infalible, pero se come de 30 a 40 mm de altura útil en la primera fila de cajones y acumula suciedad. El sistema de apertura por presión deja el frente completamente limpio, pero hay que comprobar que la gama concreta lo haga compatible con la amortiguación, porque no todas lo son, y en cajones muy cargados acaba cansando. Es una decisión que se toma con el mueble delante, abriendo y cerrando, no por fotografía.

  • Cajones antes que puertas con estante: en un mueble bajo de 90 cm, tres cajones le permiten llegar a todo sin arrodillarse.
  • Guía oculta con rodamientos y extracción total, con la capacidad de carga declarada para los cajones de cazuelas.
  • Amortiguación integrada en la guía y en la bisagra; bisagras de 110° estándar y de 155° en muebles de esquina.
  • Altura de trabajo: de 85 a 92 cm, o la altura del codo menos 10 o 15 cm de quien cocina.
  • Libre entre encimera y mueble alto: de 50 a 60 cm.
  • Fila alta cómoda hasta 1,80 o 1,90 m; por encima, almacén con puerta elevable.
  • Zona caliente y zona húmeda: evite el polilaminado junto al horno y sobre el lavavajillas.
  • Ciclos de apertura ensayados según EN 15338 (extraíbles) y EN 15570 (bisagras): deben constar en la ficha.

Electrodomésticos encastrados: las cotas que deciden los módulos

Un error que cuesta dinero y días: elegir los muebles y después los electrodomésticos. Es al revés. El electrodoméstico encastrado no se adapta al mueble; el mueble se hace para el hueco que exige la ficha del electrodoméstico. Y ese hueco no es la medida del aparato: es la medida del vacío que debe quedar, ventilación incluida.

El estándar europeo ayuda, porque casi todo se mueve dentro de un juego de medidas repetidas. Lo que cambia entre modelos son los milímetros de detalle y las distancias mínimas de ventilación, y son justo esos los que hacen que un horno no entre o que una placa no pueda ir encima de un cajón. Por eso pedimos la ficha técnica de cada aparato, con el modelo exacto, antes de cerrar el plano de mobiliario: un modelo equivalente del mismo fabricante puede tener un hueco distinto.

  • Horno encastrable estándar: hueco de 560 mm de ancho × 590 de alto × 550 de fondo, tanto bajo encimera como en columna.
  • Horno o microondas compacto: mismo ancho de 560 mm y 450 mm de altura de hueco.
  • Placa de inducción de 60 cm: recorte del orden de 560 × 490 mm; la de 80 cm, unos 750 × 490; la de 90 cm, unos 860 × 490. La ficha manda siempre.
  • Bajo la inducción hay que dejar la ventilación que pida el fabricante: no se puede poner un cajón lleno sin separador si la ficha no lo permite.
  • Lavavajillas de 60 cm: hueco de 600 mm de ancho × 820 de alto regulable × 550 a 570 de fondo. La versión estrecha, 450 mm de ancho.
  • Nevera integrable en columna: 560 mm de ancho de hueco y alturas normalizadas del orden de 880, 1.220, 1.400, 1.580, 1.780 y 1.930 mm.
  • Campana: 60 o 90 cm de ancho. La posición y el recorrido del conducto se deciden con la campana ya elegida, no después.
  • Tomas de corriente: nunca en la pared trasera de una columna de horno. Van al módulo contiguo, porque un enchufe roba de 40 a 50 mm de fondo.

Electricidad de cocina: circuitos, potencia y lo que exige el REBT

Detrás del frente de una cocina hay más instalación eléctrica que en el resto del piso junto, y la reglamentación es concreta. La ITC-BT-25 del Reglamento electrotécnico de baja tensión reparte la vivienda en circuitos independientes, y tres de los cinco de la electrificación básica son de cocina o llegan a ella.

  • C1 — Alumbrado: protección de 10 A y conductor de 1,5 mm².
  • C2 — Tomas de uso general y frigorífico: 16 A y 2,5 mm².
  • C3 — Cocina y horno: 25 A y 6 mm². Es el circuito de la placa.
  • C4 — Lavadora, lavavajillas y termo: 20 A y 4 mm², o desdoblado en tres circuitos de 16 A y 2,5 mm².
  • C5 — Tomas de baño y tomas auxiliares de cocina: 16 A y 2,5 mm². Es el de las tomas de la encimera.

Potencia contratada: la comprobación que evita el disgusto

Los circuitos son una cosa y la potencia contratada otra bien distinta. Una placa de inducción de 60 cm declara entre 3.500 y 7.400 W de potencia nominal, un horno entre 2.500 y 3.500 W y un lavavajillas unos 2.000 W. Si el piso tiene contratados 3,45 kW —algo habitual en viviendas antiguas que no se han tocado nunca—, la inducción y el horno a la vez hacen saltar la protección aunque el cableado sea nuevo. Las placas modernas llevan limitador de potencia configurable, que ayuda, pero la comprobación de la potencia contratada hay que hacerla antes de decidir el cambio de gas a inducción y no el día de la puesta en marcha.

La ITC-BT-25 también fija el número mínimo de puntos de utilización por estancia, y en la cocina ese mínimo se queda corto para como se vive hoy: entre robot de cocina, cafetera, tostadora y cargadores, contamos las tomas de la encimera a partir del uso real y no del mínimo reglamentario. También dejamos previsto el punto del futuro. La isla, el horno de vapor, la ósmosis bajo el fregadero o una placa de inducción que todavía no se compra son cables que cuestan cuatro euros si se pasan con la obra abierta y una obra entera si hay que pasarlos después.

Iluminación de la encimera: la luz que da servicio

La luz de cocina tiene un problema geométrico que ninguna lámpara bonita resuelve: si la fuente está en el centro del techo y usted está delante de la encimera, su propia sombra cae exactamente encima de lo que corta. Por eso la luz de cocina no es una luz, son tres capas: la general, la de la encimera y, si la cocina es abierta, la de la zona de comer.

Los niveles de referencia vienen de la UNE-EN 12464-1, la norma de iluminación de lugares de trabajo, que pide 500 lux en las cocinas profesionales. En casa, el objetivo razonable es de 300 a 500 lux sobre la encimera y de 100 a 150 lux de luz general. Traducido a producto: una tira de LED de 800 a 1.200 lúmenes por metro, bien colocada, cubre una encimera de 60 cm de fondo.

La colocación importa tanto como la potencia. La tira va en el borde frontal de la cara inferior del mueble alto, no al fondo: si va pegada a la pared, el propio mueble sombrea la mitad delantera de la encimera. Debe ir dentro de un perfil con difusor opal, porque sobre una encimera pulida los puntos de LED desnudos se reflejan y molestan. Y debe tener interruptor propio, porque la luz de la encimera es la que se enciende de noche sin encender nada más.

Dos datos se piden al proveedor y cambian el resultado: el índice de reproducción cromática, que debe ser Ra 90 o superior para que el color de la comida y de la encimera se vean como son, y la temperatura de color, que debe ser la misma en todas las luces de la estancia —alrededor de 3.000 K si la cocina está abierta al comedor y 4.000 K si prefiere una luz más neutra y de trabajo—. Mezclar temperaturas es el defecto más visible de una cocina nueva y el más fácil de evitar. Cerca del fregadero y de la placa, protección mínima IP44.

Si en el techo hay empotrados, van alineados sobre el borde frontal de la encimera, a unos 40 o 50 cm de la pared, y no en el centro de la estancia: es la misma cuestión de la sombra. Y toda esa previsión —tiras, transformadores, sensores de cajón, circuitos— hay que dejarla pasada antes de alicatar el frontal. Después, cada metro de cable es una roza nueva y una pieza de revestimiento que ya no es del mismo lote.

El orden en que hay que decidir una cocina

Las cocinas no se retrasan por el trabajo de albañilería: se retrasan por decisiones tomadas tarde. La cadena es rígida y tiene un orden que no se puede invertir, porque cada paso es el dato de entrada del siguiente.

  • 1. Medir y fijar lo que no se mueve: bajante, salida de humos, cuadro eléctrico, acometida de gas y ventanas.
  • 2. Decidir la distribución sobre esos puntos fijos, y no al revés.
  • 3. Elegir los electrodomésticos por modelo exacto y recoger sus fichas con los huecos y las ventilaciones.
  • 4. Cerrar el plano de mobiliario con las cotas de instalación: altura y posición de cada toma, punto de agua, desagüe y salida de campana.
  • 5. Pedir el mobiliario y la encimera, y confirmar por escrito el plazo de fabricación.
  • 6. Derribo, instalaciones y rozas, con el plano colgado en la pared.
  • 7. Revestimientos: pavimento y frontal, ya con todas las tomas marcadas.
  • 8. Montaje de los muebles bajos y nivelación.
  • 9. Medición de la encimera sobre los muebles ya montados y fabricación de la pieza.
  • 10. Colocación de la encimera, fregadero, placa, campana y conexiones.
  • 11. Puesta en marcha: prueba de fugas, de desagües y de consumos, y regulación de puertas y cajones.

Plazos de fabricación: lo que marca la fecha de inicio

El paso nueve de la lista es el que sorprende a todo el mundo. Una encimera de piedra, porcelánico o cuarzo no se fabrica con las medidas del plano: se fabrica con las medidas tomadas sobre los muebles ya montados, porque las paredes no son rectas y un milímetro de error se ve desde la puerta. Entre la medición y la colocación hay un plazo de fabricación que el marmolista da por escrito, y durante esos días la cocina está montada pero sin encimera y sin fregadero. Saberlo antes evita la llamada de la segunda semana.

El paso cinco es el que marca la fecha de inicio. El cuello de botella de una cocina no es nunca la mano de obra: es el plazo de fabricación del mueble y de la encimera y, de vez en cuando, un electrodoméstico concreto que no hay. Por eso pedimos el plazo por escrito antes de empezar a picar. Empezamos la obra cuando la fecha de entrega del mueble encaja con la fecha en que estaremos preparados para montarlo, no al revés, porque una cocina desmontada esperando un mueble es el peor de los dos mundos.

Y una advertencia sobre los cambios. Cambiar de campana, mover una toma o pasar de horno bajo encimera a horno en columna son decisiones gratuitas hasta el día en que se hace la roza. A partir de ese momento, cada cambio significa picar, rehacer la instalación, volver a alicatar y esperar a que cure: entre uno y tres días y una pieza de revestimiento que quizá ya no es del mismo lote. Por eso insistimos tanto con el plano de mobiliario firmado antes de tocar ninguna pared.

Cuánto tiempo se queda sin cocina

Contando derribo, instalaciones, revestimientos y montaje, una cocina completa son de 2 a 4 semanas. Se puede acortar mucho si el mobiliario está pedido y medido antes de empezar la obra: el cuello de botella habitual no es el trabajo, es el plazo de fabricación de la cocina y de la encimera.

Durante la obra dejamos siempre operativo un punto de agua y un enchufe para la nevera si la casa está habitada.

En movimiento

Recorrido lateral por una isla de cocina con barra de desayuno y encimera de piedra compacta

La cámara recorre la isla de lado a lado: frente lacado mate, encimera fina de piedra compacta y el vuelo necesario para que quepan las piernas.

Cinco segundos, sin sonido y sin reproduccion automatica: el video no se descarga hasta que lo pone en marcha.

Galería

Cómo lo dejamos

Recreaciones ilustrativas de las soluciones y los acabados que utilizamos. Las fotografías de obras reales están en el apartado de proyectos.

  • Conducto rígido de extracción de la campana subiendo dentro del mueble alto y girando hacia la fachada
  • Isla de cocina con barra de desayuno, frente lacado mate y encimera fina de piedra compacta
  • Cocina abierta al comedor con tabique acristalado de acero y mesa puesta bajo luz natural
  • Cajón de cocina abierto con guía de extracción total y separador interior de roble
Qué incluye el servicio

Qué incluye el servicio

Todo esto va dentro del presupuesto cerrado. Lo que no esté, se lo diremos antes.

  • 01

    Derribo y preparación

    Retirada del mobiliario antiguo, picado de revestimientos, comprobación del soporte y nivelación de paredes y suelo.

  • 02

    Instalaciones específicas

    Circuitos independientes según la ITC-BT-25: C3 de 25 A y 6 mm² para la placa, C5 para las tomas de la encimera, agua fría y caliente y desagüe con pendiente.

  • 03

    Ventilación y extracción

    Extracción de cocción con conducto propio y un mínimo de 50 l/s según el CTE DB-HS 3, o campana de recirculación con filtro de carbón si no hay salida.

  • 04

    Mobiliario y herrajes

    Módulos a medida con guías de extracción total y amortiguación integrada, y encimera de porcelánico, cuarzo compacto, granito o compacto fenólico.

  • 05

    Revestimientos e iluminación

    Pavimento y frontal fáciles de limpiar y luz de encimera de 300 a 500 lux con reproducción cromática Ra 90 o superior.

  • 06

    Montaje y puesta en marcha

    Electrodomésticos encastrados con los huecos comprobados, conexión, prueba de fugas y consumos y regulación de puertas y cajones.

Cómo lo hacemos

Cómo lo hacemos

El mismo método en todas las obras, sea un baño o una masía entera.

  1. 01

    Visita y toma de datos

    Sin coste ni compromiso

  2. 02

    Presupuesto detallado por partidas

    En 3–5 días laborables

  3. 03

    Definición de acabados y planificación

    Calendario de obra por semanas

  4. 04

    Permisos y gestión administrativa

    Documentación a su nombre

  5. 05

    Ejecución con un solo interlocutor

    Un responsable de obra asignado

  6. 06

    Repaso, entrega y garantía

    Garantía escrita de los trabajos

Preguntas frecuentes

Preguntas sobre este servicio

¿Cuánto cuesta reformar una cocina en Girona?

Entre 6.500 y 14.000 € para una cocina de 8 a 12 m² con mobiliario nuevo, encimera, instalaciones y revestimientos. Si se mantiene la distribución y no se mueven los puntos de agua, el coste baja; si se hace isla, se abre un tabique o se eligen electrodomésticos de gama alta, sube. La franja es orientativa y el precio cerrado sale de la visita.

¿Se puede cambiar la cocina de sitio dentro del piso?

Sí, pero es la decisión más cara de todas. Hay que llevar agua, desagüe con pendiente, ventilación y circuitos eléctricos nuevos hasta la nueva ubicación, y a menudo implica levantar pavimento y bajar el techo en algún tramo. Siempre valoramos primero si una redistribución dentro de la misma estancia da el mismo resultado por mucho menos dinero.

¿Hay que cambiar el gas por inducción?

No es obligatorio, pero cuando se rehace la instalación eléctrica la inducción compensa: elimina la revisión periódica de gas, calienta más rápido y es más fácil de limpiar. Necesita el circuito C3 de 25 A y 6 mm² que fija la ITC-BT-25 y, sobre todo, potencia contratada suficiente: una placa declara entre 3.500 y 7.400 W y con 3,45 kW contratados saltará la protección en cuanto esté el horno encendido. Compruébelo antes de decidir, no el día de la puesta en marcha.

¿Se puede abrir la cocina al comedor si la pared es de carga?

Sí, pero deja de ser un derribo y pasa a ser una obra estructural. Se apuntala el forjado, se abre por tramos y se coloca una viga metálica con la entrega y la sección que diga el cálculo, acuñada con mortero sin retracción para que entre en carga el mismo día. Encima se suman tres cosas que la gente no cuenta: proyecto, dirección técnica y licencia de obra mayor; la comunicación previa a la comunidad que exige el artículo 7.1 de la Ley de Propiedad Horizontal; y la protección al fuego de la viga, R 60 en vivienda hasta 15 m de altura de evacuación según el CTE DB-SI. Antes de decidirlo vale la pena valorar una apertura de 1,20 a 1,60 m con dintel, que a menudo da el 80 % del resultado por una fracción del coste.

¿Cómo sé si la pared de la cocina es de carga?

Por el grosor, no. Un tabique de 4 a 9 cm casi siempre es de reparto, pero una pared de 11 a 15 cm tanto puede ser de carga como no serlo. Lo que lo decide es la dirección de las viguetas del techo, si la pared se repite en la misma posición en las plantas de arriba y de abajo, y lo que diga la estructura original del edificio. Se comprueba con los planos y, si no los hay o no son fiables, abriendo una cata. Es una comprobación de media mañana que evita el peor error posible de una reforma.

¿Qué hago si en la cocina no hay salida de humos?

La solución es una campana de recirculación con filtro de carbón activo. Retiene el olor y la grasa y devuelve el aire a la estancia, pero no saca ni el vapor ni el calor, así que hay que poder ventilar por otro lado cuando se hierve. El filtro metálico se lava en el lavavajillas y el de carbón es un consumible con vida útil declarada en la ficha: cuando se agota, la campana solo hace ruido. La segunda opción es conectarse al shunt comunitario, y ahí vamos con pies de plomo: esos conductos se diseñaron para tiro natural y una campana forzada puede empujar los humos hacia los vecinos. Hay que consultarlo siempre antes, no después.

¿Qué encimera aguanta mejor la cazuela caliente?

El porcelánico sinterizado y el granito. Ambos admiten contacto directo con una pieza caliente sin marcarse. El cuarzo compacto, en cambio, lleva resina y los propios fabricantes desaconsejan dejar una cazuela directamente encima, aunque en rayado y manchas va igual de bien. El laminado postformado y la madera dejan marca permanente. Ahora bien, el calor es solo uno de los cuatro criterios: el porcelánico es el más frágil a los golpes en el canto y el granito es poroso y pide sellado periódico. La pregunta útil no es cuál es mejor, sino qué hace usted más a menudo en la cocina.

¿Cuántas tomas y qué circuitos necesita una cocina?

La ITC-BT-25 del REBT reparte la vivienda en circuitos independientes y a la cocina llegan tres: el C3 de 25 A y 6 mm² para la placa y el horno, el C4 de 20 A y 4 mm² para lavadora, lavavajillas y termo —desdoblable en tres de 16 A—, y el C5 de 16 A y 2,5 mm² para las tomas auxiliares de la encimera. El frigorífico cuelga del C2. El número mínimo de tomas que fija el reglamento se queda corto para como se cocina hoy: entre robot, cafetera, tostadora y cargadores, las contamos por uso real y dejamos previstos los puntos del futuro, que con la obra abierta cuestan cuatro euros y después cuestan una obra.

¿Cuánto hay que tener decidido antes de empezar la obra?

Todo lo que toque paredes. Antes de la primera roza deben estar cerrados: la distribución, el modelo exacto de cada electrodoméstico con su ficha de hueco, el plano de mobiliario con la altura y la posición de cada toma, punto de agua y desagüe, el recorrido del conducto de la campana y el tipo de encimera. A partir del día en que se hace la roza, mover una toma o cambiar de horno bajo encimera a horno en columna significa picar, rehacer, volver a alicatar y esperar a que cure: entre uno y tres días cada vez. Y la encimera de piedra no se fabrica hasta que los muebles bajos están montados, porque se mide encima: ese plazo de fabricación es el que decide la fecha de inicio de toda la obra.

Zonas

Dónde hacemos este servicio

Trabajamos con equipo propio en todo el Gironès y el Pla de l’Estany. Elija su municipio para ver qué hacemos habitualmente allí.

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