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Pla de l’Estany

Reformas integrales en Porqueres

Porqueres no es un pueblo compacto sino un término repartido por la orilla oeste del lago, con el núcleo de Santa Maria y un buen número de vecindarios y zonas residenciales. Predomina la casa aislada y la masía, y eso cambia la obra de arriba abajo: acceso por pista, sin comunidad de vecinos y a menudo con pozo, fosa séptica y calefacción de gasóleo o de biomasa. Tenemos la base en Fontcoberta, aquí al lado.

Arquitectura característica de Porqueres, en el Pla de l’Estany

Lo primero que hay que entender de Porqueres es que no hay un solo Porqueres. El término se extiende por toda la orilla oeste del lago y por las colinas de detrás, con la iglesia románica de Santa Maria a pie de agua como referente del núcleo histórico y una constelación de vecindarios dispersos —Usall, Pujarnol, Miànigues, Mata, Merlant— separados por campos, bosques y caminos. Junto a Banyoles están, además, las zonas residenciales que han absorbido buena parte del crecimiento. Dos casas del mismo municipio pueden tener problemas opuestos, y por eso aquí la visita a la finca no es un trámite comercial: es el momento en que se decide medio presupuesto.

El parque de vivienda es casi todo unifamiliar: casa aislada con parcela, masía rehabilitada o en proceso de rehabilitación y muy poco bloque plurifamiliar. Que no haya comunidad de vecinos tiene una cara buena y otra mala. La buena: no hace falta ningún acuerdo de junta para tocar un bajante, el contenedor va dentro de la finca, no hay ocupación de vía pública y se puede trabajar con más margen de horario. La mala: la envolvente de la casa es toda exterior —cuatro fachadas y cubierta— y por tanto las pérdidas de calor son muy superiores a las de un piso entre medianeras. Aislar aquí no es un capricho: es lo que hace que la calefacción se pueda pagar.

El acceso manda. A muchas fincas se llega por pista o por camino de tierra, a veces con servidumbre de paso por una propiedad vecina, y la pregunta que hacemos el primer día es siempre la misma: ¿entra un camión de dos ejes? ¿Hay sitio para girar? ¿Qué altura libre dejan las ramas? ¿Cómo queda el firme después de tres días de lluvia? De ahí depende si el hormigón llega con camión y bomba o hay que amasarlo a pie de obra, si la teja sube con grúa o a mano, y si el escombro sale en un contenedor grande o en seis viajes de remolque. No es un detalle menor: es el capítulo que más diferencia marca entre el precio de una obra en el centro de Banyoles y el de la misma obra en Usall o en Pujarnol.

En las masías y casas de payés del término, el grueso del trabajo es estructura y agua antes que acabados. Los muros son de piedra trabada con mortero de cal y relleno interior, y se comportan bien mientras estén secos y mientras nadie los abra sin pensar. Los techos son de vigas de madera con revoltón, y el punto que falla es siempre el mismo: la cabeza de la viga empotrada en el muro, donde se acumula la humedad y donde trabaja la carcoma. Antes de dibujar ninguna distribución hacemos catas, miramos qué sección de madera queda sana y decidimos entre prótesis de resina con barras de acero, refuerzo metálico o sustitución. Las grietas también se leen: no es lo mismo un asiento antiguo y estabilizado que un empuje vivo de la cubierta contra el muro.

La cubierta es la pieza que ordena todo lo demás. En una masía más vale rehacerla entera de una vez que ir poniendo parches de teja cada invierno: se desmonta, se revisa el entramado, se coloca un aislamiento continuo y una cámara ventilada bajo teja, y se recupera la teja árabe vieja para la hilada vista si todavía está sana. Con la cubierta hecha, la casa queda estanca y se puede trabajar por dentro con calma, por fases y sin prisa. Hacerlo al revés —acabados primero, cubierta después— es la manera más cara de rehabilitar una casa, porque la primera lluvia fuerte se lleva el trabajo hecho.

Fuera del núcleo, las instalaciones no se dan por hechas. Muchas casas del término se abastecen de pozo, con bomba y grupo de presión, y eso obliga a comprobar dos cosas antes de decidir nada: el caudal real del que se dispone y la calidad del agua. En una llanura agrícola como esta el agua suele ser dura y puede llevar nitratos, de modo que la analítica no es opcional si luego se quiere poner un acumulador, una caldera o un tratamiento. Y si la reforma añade un baño o dos, el grupo de presión y el depósito de acumulación existentes se quedan cortos: se redimensionan en el proyecto, no el día en que ducha y lavadora coinciden.

El saneamiento autónomo es el otro capítulo propio de Porqueres. Muchas casas tienen una fosa séptica antigua, a menudo sin filtro biológico y sin mantenimiento, que ya no cumple. La sustitución por una fosa con tratamiento o por una depuradora compacta se dimensiona por habitantes equivalentes y depende de la permeabilidad del terreno, que condiciona la zanja de infiltración. Hay dos cosas que no se pueden improvisar: la distancia mínima entre el sistema de saneamiento y el pozo de abastecimiento, y la autorización de vertido, que corresponde a la Agència Catalana de l’Aigua. En un entorno como el del lago, incluido en el Pla d’espais d’interès natural y en la Red Natura 2000, ese trámite se plantea de entrada y no cuando la obra ya está empezada.

La calefacción de estas casas suele ser de gasóleo, con depósito aéreo o enterrado, o de biomasa. Cuando se plantea el cambio, cada opción tiene su condición física. La biomasa pide espacio de silo y un acceso al que pueda llegar el camión de astilla o de pellet. La aerotermia pide potencia: muchas acometidas rurales son monofásicas y con la potencia justa, y ampliarla no siempre es una llamada, a veces es una actuación de la distribuidora con sus plazos. También hay que elegir bien dónde va la unidad exterior, porque en una casa aislada el ruido se propaga hacia el vecino y porque aquí las heladas son de verdad. Y si se quiere suelo radiante en rehabilitación, la cota de pavimento se decide el primer día, no cuando ya están colgadas las puertas.

La parte administrativa tiene aquí dos filtros que no existen en los municipios compactos. El primero: si la finca está en suelo no urbanizable, lo que se puede hacer depende en buena parte del catálogo de masías y casas rurales del planeamiento municipal, y conviene mirarlo antes de comprar o de proyectar, no después. El segundo: el lago y su entorno tienen un régimen de protección propio y, según dónde caiga la finca, puede haber condiciones añadidas o informes previos. Los dos hay que resolverlos antes de dibujar nada, porque deciden qué se puede ampliar, qué usos se admiten e incluso dónde puede ir el sistema de saneamiento. Al lado de esos dos filtros, los trámites municipales ordinarios y la gestión del escombro son la parte previsible del expediente: se saben de entrada y se pueden poner en el calendario.

Las casas de las zonas residenciales y de las urbanizaciones del término son otro trabajo. Suelen ser unifamiliares aisladas de los años setenta, ochenta y noventa, sin patología estructural pero con una envolvente que hoy se queda corta. En una casa aislada eso se nota de una manera muy concreta: el frío entra por las cuatro orientaciones a la vez y la que más pesa es la norte, que no recibe sol en todo el invierno. La caldera de gasóleo del garaje compensa la pérdida quemando, y por eso aquí el orden es aislar primero y redimensionar la máquina después. Añadimos dos cuestiones propias del terreno en pendiente: los muros de contención del jardín, que llevan años trabajando sin drenaje detrás, y los sótanos y garajes semienterrados con manchas de humedad. Impermeabilizarlos por dentro es perder el dinero; lo que resuelve es excavar por fuera y poner tubo de drenaje, lámina nodular y gravas. Y donde hay bosque al lado, la franja perimetral de protección contra incendios es una obligación que va con la casa.

Resumiendo lo que nos llega desde Porqueres: masías y casas de payés que se rehabilitan por fases empezando por la cubierta, cambios de fosa séptica y de sistema de calefacción, aislamiento y carpintería en las casas de las urbanizaciones, y baños y cocinas en viviendas que llevan treinta años sin tocarse. Las franjas de precio orientativas de mercado y el detalle técnico de cada trabajo tienen su página. De lo que es propio de aquí, quedaos con esto: en un término disperso, con pista, pozo y fosa séptica de por medio, la visita a la finca decide más cosas que el catálogo de materiales.

Preguntas sobre reformas en Porqueres

¿Hacen reformas en Porqueres?

Sí. Porqueres (Pla de l’Estany) está dentro de nuestra zona de trabajo habitual con equipo propio, sin recargo de desplazamiento. Hacemos reformas integrales, cocinas, baños y rehabilitación, y la visita para valorar la obra es gratuita.

¿Cuánto cuesta una reforma en Porqueres?

Las franjas son las mismas que en el resto de la comarca: de 450 a 1.350 €/m² en una reforma integral según el nivel, de 4.500 a 9.000 € un baño completo y de 6.500 a 14.000 € una cocina. Lo que cambia entre municipios no es el precio unitario, sino el estado de partida del edificio y la facilidad de acceso a la obra.

¿Se encargan del permiso en el ayuntamiento?

Sí. Tramitamos la comunicación previa o la licencia de obras en el Ayuntamiento de Porqueres, reservamos el contenedor y gestionamos el escombro en planta autorizada con el justificante de vertido.

Presupuesto gratuito

¿Quiere saber qué cuesta su reforma?

Visitamos la vivienda, tomamos medidas y le entregamos un presupuesto detallado por partidas, sin compromiso y sin letra pequeña.