Reforma de baño, cocina y terraza
Baño, cocina y terraza en una sola obra: inodoro suspendido con bastidor, tabique bajo de ducha, cocina en línea y terraza con césped artificial.
Las tres piezas se hicieron en una sola obra, y eso no es solo comodidad: se nota en el presupuesto. Se comparten el derribo y el contenedor, la ficha de gestión de residuos y la fianza que pide el ayuntamiento, el corte de agua, el paso de instalaciones y el desplazamiento de cada gremio. Hechas por separado con dos años de diferencia, buena parte de esas partidas se pagan dos veces.
En el baño, la pieza que lo ordena todo es el inodoro suspendido. En la fotografía se ve un aparato colgado y un pulsador; lo que no se ve es un bastidor autoportante anclado a suelo y pared —se declaran para 400 kg— embebido dentro de un tabique técnico de unos veinte centímetros de fondo. En un baño estrecho, veinte centímetros son muchos, y solo salen a cuenta si ese mismo tabique resuelve también el desagüe horizontal de 90 mm y las tuberías de alimentación.
Dos detalles vale la pena mirarlos de cerca. El pulsador es el único registro de la cisterna: todo lo que quede dentro de la pared habrá que cambiarlo por ese hueco, y por eso el mecanismo se elige pensando en el día que falle. Y el replanteo del azulejo de gran formato se hizo desde el paramento que se ve de frente, no desde un rincón, para que los cortes caigan en las esquinas y ninguna tira estrecha quede junto al pulsador.
El mueble del lavabo también va colgado, y eso se resuelve antes de alicatar: un mueble en voladizo con la encimera llena de agua hace mucho momento sobre una pared de ladrillo hueco, y el refuerzo no se puede poner cuando el azulejo ya está. La encimera y el lavabo son una sola pieza cerámica, y es una decisión de mantenimiento: la junta de silicona entre una pila sobrepuesta y la encimera es el primer punto que se mancha y que se despega de un baño.
El tabique bajo que separa la ducha deja pasar la luz y ahorra una mampara entera que limpiar, pero tiene dos condiciones. La primera, impermeabilizarlo por la cara de la ducha y por la coronación, y darle una ligera caída hacia dentro para que no gotee hacia el paso. La segunda, más honesta: solo funciona por sí solo si el rociador no es de lluvia y la ducha tiene suficiente longitud; si no, la salpicadura pasa por encima y acaba poniéndose un vidrio fijo.
Los enchufes y el interruptor se colocaron junto al espejo, y ese replanteo no es libre: el REBT (ITC-BT-27) prohíbe los enchufes dentro de los volúmenes de protección del baño, de modo que deben quedar como mínimo a 60 cm del límite de la ducha. El pavimento tampoco es libre: el CTE DB-SUA 1 pide clase 2 de resistencia al deslizamiento en un baño y clase 3 dentro de la ducha.
La cocina se resolvió en línea, con el fregadero bajo la ventana y la cocción en el frente opuesto. Un fregadero bajo ventana obliga a comprobar algo que parece obvio y que falla a menudo: que la hoja abra sin chocar con el cuello del grifo. Con un grifo alto y una hoja batiente hacia dentro el conflicto es seguro; o se cambia el tipo de apertura, o se elige un grifo abatible.
La encimera es oscura sobre un frente blanco brillante, y toca decirlo: una encimera oscura y pulida enseña la cal del agua mucho más que una clara, y en una zona de agua dura se nota cada día. El fondo de la cocina repite el mismo despiece de madera que el pavimento, colocado en vertical. Cuando esa continuidad se hace con la misma pieza cerámica del suelo, hay que contar con que es más gruesa y pesada que un azulejo de pared y que exige adhesivo deformable y doble encolado.
En la terraza se extendió césped artificial y se dejó una franja de pavimento cerámico contra la fachada y delante de la corredera. Esa franja no es decoración: es por donde se pasa, evita que el césped retenga humedad contra la carpintería y deja los desagües a la vista. El punto que siempre se olvida es que el césped no impermeabiliza nada ni drena por sí solo. El agua tiene que seguir llegando a los sumideros existentes, y si la terraza es una cubierta transitable sobre una estancia habitada, la impermeabilización y las pendientes deben comprobarse antes de taparlas. Una vez cubierto, ya no se vuelve.
Del césped en sí: se desenrolla y se deja aclimatar antes de cortarlo, porque con el sol se dilata; las uniones se hacen con banda y adhesivo, no con grapas que se oxidan; y el perímetro se encola en una franja. Y una advertencia que no sale en los catálogos: al sol de mediodía se calienta bastante más que el pavimento de al lado.
La corredera es la pieza más delicada del conjunto. El perfil inferior recoge agua y la evacua por unos orificios de drenaje que deben descargar por encima del pavimento acabado; si el pavimento los tapa, el marco se convierte en una bandeja. Y el umbral es el compromiso de siempre: el DB-HS 1 resuelve el acceso a una cubierta transitable con un peldaño sobreelevado respecto del acabado o, si se quiere el paso enrasado, con un canal de recogida delante de la puerta. Enrasado y sin canal es el error que mete agua el primer temporal.
Lo que se aprende sirve para cualquier reforma de este tamaño. La cota del pavimento acabado de toda la casa se decide antes del primer azulejo. No se tapa nunca una terraza sin haber visto cómo está por debajo. Y las paredes abiertas se fotografían con el metro al lado antes de cerrarlas: esa fotografía vale más que cualquier plano el día que haya que hacer un agujero.
Galería de la obra
Fotografías propias tomadas a pie de obra. No publicamos datos del cliente.
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