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Ventanas nuevas en muros de piedra

Sustitución de carpintería en edificios antiguos con muros de gran espesor y huecos que no son rectangulares. La dificultad aquí no es la ventana: es resolver el encuentro con un muro que no está a escuadra y conservar la forma original del hueco.

Ventana nueva encastrada en un muro de piedra de gran espesor con alféizar interior

En obra nueva, un hueco de ventana viene con premarco, a plomo, a escuadra y con una medida conocida antes de fabricar. En un muro de piedra de cincuenta o sesenta centímetros no se cumple nada de eso: jambas irregulares, un dintel que puede ser de madera o un arco de ladrillo, y un hueco que mide distinto arriba, en el medio y abajo. La ventana es la parte fácil.

La toma de medidas se hace a pie de obra y nunca sobre plano: anchura a tres alturas, altura en los dos lados y en el centro, y las dos diagonales para saber cuánto fuera de escuadra está el hueco. Se fabrica con la medida menor y se comprueba el plomo de las jambas, porque una jamba dos centímetros fuera de plomo decide a qué profundidad del muro puede ir el cerco.

Y esa es la decisión principal, porque la posición dentro del espesor cambia tres cosas a la vez. A cara exterior la jamba queda entera por dentro y la luz se reparte, pero el cerco queda expuesto a la lluvia. A cara interior queda protegido bajo todo el espesor, pero se pierde el alféizar interior y no hay dónde plegar ningún porticón. La intermedia, hacia un tercio desde fuera, es la que suele elegirse en muros así: el tramo de muro de delante hace de visera y la jamba interior todavía abocina lo suficiente.

La fotografía de la ventana vertical muestra exactamente eso: el cerco retrasado, un alféizar interior macizo que aún debe acabarse y los porticones de lamas plegados contra las jambas, uno con el film de fábrica puesto. Con un agujero pequeño en un muro grueso, abocinar las jambas hacia dentro es lo que da ángulo de visión y reparte la luz en lugar de dejar un tubo oscuro.

La fijación es donde este trabajo se diferencia de una ventana normal. No se puede confiar el cerco a un tornillo clavado en el mortero de la junta: se ancla a la piedra, con un mínimo de tres puntos por jamba y nunca cerca de los ángulos del marco —unos quince centímetros de margen—, porque al apretarlo el perfil se deforma y la hoja deja de cerrar. En cada punto de fijación va una cuña.

El tercer punto es el sellado perimetral. En un hueco de piedra la holgura no es uniforme: puede ser de cinco milímetros en un punto y de cuatro centímetros medio metro más allá. La espuma de poliuretano es relleno, no sellado. El orden correcto es fijación y cuñas, después relleno y, por último, la junta de verdad: sellador elástico sobre cordón de fondo por fuera y continuidad por la cara interior, para que el aire húmedo de dentro no condense en ella. Los cartuchos y las cajas de tacos que hay sobre el alféizar son medio trabajo.

El alféizar exterior merece su propia partida. El CTE DB-HS 1, en el apartado de encuentro de la fachada con la carpintería, pide tres cosas: pendiente hacia el exterior de 10° como mínimo, goterón en la cara inferior del vuelo separado al menos 2 cm del paramento, y entrega lateral en la jamba de 2 cm como mínimo. En un muro de piedra, esa entrega lateral es lo que evita que el agua entre por los extremos de la pieza.

La segunda fotografía responde qué se hace con un hueco de arco rebajado. La solución mantiene la curva y a la vez funciona: la ventana se divide en tres, los dos tramos laterales siguen la curva y son fijos, y la practicable es la central, rectangular. El motivo es de herrajes: bisagras, cremonas y sistemas oscilobatientes están hechos para hojas de cantos rectos, y una hoja curvada se sale del catálogo y acaba cerrando mal. Poner la curva donde no se mueve es lo que hace que la ventana respete el arco y siga funcionando.

El perfil hay que fabricarlo curvado —en PVC se termoforma sobre plantilla, en aluminio se curva con rodillo— y el refuerzo interior debe seguirlo: más plazo y más coste, y conviene saberlo antes de decidir. La curva se toma en la obra, con plantilla o midiendo ordenadas cada diez centímetros desde una cuerda horizontal, nunca con el radio del plano. La alternativa que se hace a menudo es tapiar la parte alta y meter un rectángulo: por fuera se pierde el arco y, además, se crea una junta horizontal justo donde el agua que baja por la fachada se encuentra con la carpintería.

La tercera fotografía es una pieza documentada antes de retirarla: una ventana octogonal de madera con crucero de travesaños y vidrio catedral, en un baño. Se ve el patrón de fisuras del revoco alrededor del hueco, y tiene explicación: un hueco poligonal no tiene dintel que reparta, las tensiones se concentran en los vértices y el revoco agrieta siguiendo las diagonales. Cualquier abertura de forma singular se comporta igual y debe resolverse con zuncho o malla en los ángulos. La hoja, además, abre hacia dentro sobre la zona de ducha: hoy la ventilación de un baño se resuelve con extracción, tal como plantea el CTE DB-HS 3, y la privacidad que daba el vidrio catedral, con un vidrio translúcido dentro de la unidad de acristalamiento.

Qué se aprende: no pida nunca carpintería con medidas de plano; decida la posición dentro del espesor antes de hacer el pedido, porque de ello dependen la profundidad del marco, los porticones y las dos piezas de alféizar; tome las curvas con plantilla; y mire el POUM y las ordenanzas antes de elegir material y color, porque en muchos cascos antiguos la carpintería de fachada está regulada.

Galería de la obra

  • Ventana nueva encastrada en un muro de piedra de gran espesor con alféizar interior
  • Ventana nueva adaptada a un hueco de arco rebajado existente
  • Ventana octogonal de madera con vidrio catedral retirada durante la reforma

Fotografías propias tomadas a pie de obra. No publicamos datos del cliente.

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