Baño de los años setenta en Cassà de la Selva
Estado previo de un baño sin reformar desde la construcción de la vivienda: plato de ducha acrílico pequeño con cortina, alicatado original con dibujo geométrico y barra de sujeción añadida con los años.
Esta ficha no enseña un baño acabado: enseña un punto de partida. La publicamos porque es exactamente el baño que nos encontramos en muchas viviendas de Cassà de la Selva y del resto del Gironès construidas en la segunda mitad del siglo pasado, y porque un estado previo explica mejor que ningún render por qué una reforma de baño no es una cuestión de gusto.
Inventario de lo que se ve en la fotografía. Un plato de ducha de planta pequeña y borde alto, encajado entre dos paramentos. Una cortina de plástico colgada de una barra. Alicatado original de pieza pequeña con dibujo geométrico, y un dibujo distinto en cada paramento. Un grifo monomando de bañera con flexible, sin barra ni soporte de rociador. Una barra de sujeción cromada añadida con los años. Y, a la derecha, una tubería vista pintada del mismo color que la pared.
La primera limitación es dimensional. Un plato como este obliga a subir un escalón para entrar y deja muy poco espacio para moverse dentro: no caben ni un asiento ni una persona que ayude a otra. El borde, que es el elemento que debería contener el agua, es a la vez el obstáculo que hay que superar dos veces al día. Pasar por encima de un borde alto con el pie mojado y sin nada donde agarrarse es, geométricamente, la maniobra más comprometida de todo el baño.
La cortina no es un cerramiento, es una pieza flexible. Se separa del plato con la corriente de aire, deja pasar agua por los laterales y, sobre todo, por el borde inferior. El agua que sale no se queda a la vista: se cuela por la junta entre el plato y el pavimento y se reparte por debajo. Cuando al cabo de unos años aparece una mancha en el techo de abajo o una humedad al pie del paramento contiguo, el origen suele ser esa junta y no una tubería rota.
El azulejo de los años setenta no suele fallar por sí mismo: el esmalte aguanta y el dibujo, sinceramente, vuelve a estar de moda. Lo que falla es la junta. Cemento gris y ancho, cincuenta años de vapor y de productos de limpieza, y el resultado es una junta porosa, oscura e imposible de recuperar frotando. En la fotografía se ven también agujeros y anclajes de accesorios retirados: cada uno es un camino abierto hacia el mortero de agarre.
El grifo es de bañera y no de ducha: no es termostático y no tiene ningún tope de temperatura. En una instalación antigua, con el calentador regulado alto y sin mezcladora, la temperatura de salida cambia cuando alguien abre otro grifo de la casa. Es el mecanismo habitual de las quemaduras domésticas y es, de todas las mejoras posibles, la más barata de resolver: un termostático con tope de seguridad a los 38 °C.
En la parte de la estancia que se ve en la fotografía no hay ninguna rejilla de extracción. Un baño sin renovación de aire mantiene el vapor sobre las superficies frías durante horas, y eso es lo que alimenta el moho de las juntas, de la carpintería y del techo. El CTE DB-HS 3 fija hoy la extracción en los baños; las viviendas de esta época se construyeron con otro criterio, o bien con una ventilación natural que con el tiempo ha terminado tapándose.
La electricidad no se ve en una fotografía, pero es el capítulo que siempre hay que revisar en un baño de esta antigüedad. La ITC-BT-27 del Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión define los volúmenes de protección alrededor de la ducha y limita qué se puede instalar en ellos y con qué grado de protección. En instalaciones de aquellos años es habitual encontrar puntos de luz o tomas situados dentro de esos volúmenes y baños sin conexión equipotencial.
La barra de sujeción cromada es, técnicamente, la pieza más informativa de la fotografía. No formaba parte del baño original: se ve que se añadió después, sobre el alicatado existente. Y esa es la lección técnica, válida para cualquier baño: una barra atornillada sobre azulejo viejo aguanta solo lo que aguante el agarre de ese azulejo. Una barra de apoyo debe ir anclada al soporte macizo de detrás, no al esmalte ni al mortero de tres centímetros, y por eso es una pieza que se replantea durante la obra y no se añade al final.
Cuando un baño presenta todos estos síntomas juntos —plato pequeño con borde, cortina, juntas agotadas, grifo no termostático, ninguna extracción visible y una barra añadida—, cambiar solo el plato es gastar dinero a medias. La intervención que los resuelve todos a la vez es la misma: derribo de la zona húmeda, desagüe nuevo, impermeabilización continua, plato enrasado con el pavimento, mampara rígida, grifería termostática, extracción mecánica y circuito eléctrico rehecho.
Eso no significa que la sustitución rápida no sirva nunca. Quitar la bañera o el plato viejo y encajar un plato nuevo en un día es una solución razonable cuando el resto del baño está en buen estado y lo que molesta es solo la altura del borde. Deja de serlo cuando lo que falla es la impermeabilización, el desagüe o la instalación eléctrica, porque entonces el problema queda tapado bajo el plato nuevo y vuelve a salir más tarde y más caro. La diferencia hay que verla antes, no después.
Ante un baño así, el orden útil de preguntas es este. ¿Hay manchas de humedad en la estancia de abajo o al pie de los paramentos contiguos? ¿El grueso disponible hasta el forjado permite un canal o un sumidero de perfil bajo, o hay que buscar otra solución de desagüe? ¿Hay conducto o fachada por donde sacar el aire? ¿Vive en casa alguien con movilidad reducida, ahora o previsiblemente pronto? Las respuestas deciden si basta con una sustitución o si toca reforma completa, y contestarlas con una visita es mucho más barato que contestarlas con la obra empezada.
Galería de la obra
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Antes
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