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Materiales

Qué suelo pongo en cada estancia: laminado, vinílico SPC, multicapa o porcelánico

Cocina de tonos claros con pavimento vinílico rígido SPC de imitación madera colocado en lamas largas

No hay un pavimento mejor: hay un pavimento por estancia. En la cocina y en el baño manda el agua y, sobre todo, si hay desagüe en el suelo. En el salón manda el suelo radiante. En el pasillo, la abrasión. En el dormitorio, el ruido de impacto y quién vive debajo. Y en la planta baja manda la humedad del soporte, que no se negocia con ningún catálogo. Aquí cruzamos cinco ejes con siete estancias y decimos qué ponemos y qué descartamos. Con un aviso previo: la escala AC solo existe para el laminado.

Una vivienda no se pavimenta con un material: suele pavimentarse con dos o con tres, y lo que decide cuál va en cada sitio no es el catálogo, son cinco preguntas muy concretas. Este artículo las cruza con siete estancias y dice qué ponemos, qué descartamos y por qué motivo. Lo que no hace es repetir la página de pavimentos, parquet y vinílico: allí están las familias de producto, las clases, la preparación del soporte y el protocolo de ejecución. Aquí está solo la decisión.

Una nota de vocabulario que ahorra discusiones delante del muestrario, y seguimos. Laminado, vinílico y parquet no son tres calidades del mismo producto: son materiales distintos, y la consecuencia práctica es que lo que lleva madera de verdad se puede acuchillar y el resto, cuando se estropea, se cambia. La segunda consecuencia pilla a mucha gente: la escala de abrasión AC está escrita en la EN 13329 para el laminado y para nada más. Pedir el AC de un multicapa de roble es pedir una cifra que no existe, y si alguien se la da, se la ha inventado.

Cinco ejes, y solo uno se nota el primer día

  • Clase de uso (ISO 10874). Para qué tránsito está homologado el pavimento: el primer dígito es el ámbito y el segundo la intensidad, de modo que 23 es doméstico intenso, 32 comercial medio y 33 comercial intenso. En laminado va ligada al AC —23 con AC3, 32 con AC4, 33 con AC5, 34 con AC6—; en madera y en vinílico, el AC no pinta nada.
  • Agua real. Resistente e impermeable no significan lo mismo, y la diferencia se mide en horas. La pregunta que lo resuelve de verdad no es cuánto aguanta la lama, sino si la estancia tiene desagüe en el suelo.
  • Suelo radiante. No decide el material: decide la resistencia térmica de todo lo que queda por encima de la solera, manta y adhesivo incluidos.
  • Ruido de impacto. No es un eje de material, es un eje de vecino. En una planta baja sin nadie debajo deja de contar, y ese dinero acaba en otro sitio.
  • Recuperable o de un solo uso. Solo lo que tiene capa noble de madera se puede acuchillar. La capa de uso de un vinílico y la sobrecapa de un laminado no se lijan: cuando se acaban, se acaban.
MaterialAgua realCon suelo radianteA los quince años
Laminado estándarNinguna barrera declarada. Solo estancias secas.Compatible con espesores bajos, pero es madera prensada: siempre se interpone entre la solera y la habitación.Se cambia entero. Un rayón no tiene reparación.
Laminado de núcleo hidrófugoBarrera temporal, contada en horas, y solo si se sellan los cortes y todo el perímetro.Se comporta igual que el estándar.Se cambia entero.
Vinílico rígido SPC y LVTLa lama no se deforma con el agua. La junta entre lamas, en cambio, no es una impermeabilización.Buena pareja: poco espesor y poca resistencia térmica.Se cambia. La capa de uso es fina y no admite lijado.
Multicapa de maderaEs madera: teme el agua parada y el vapor continuado.Posible con condiciones, y es el que más cierra el paso del calor.Se acuchilla. Con 2,5 mm de capa noble y un lijado que se lleva de 1 a 1,5 mm, la contabilidad es corta.
Madera macizaLa más sensible de todas.El espesor y el movimiento la hacen mala candidata. Quien la admite o la excluye es el fabricante, no ninguna norma.Se acuchilla muchas veces: es el único pavimento que puede sobrevivir a dos reformas.
Gres porcelánicoEl cuerpo cerámico no se hincha. El punto débil es la junta y la impermeabilización de debajo, no la pieza.El mejor compañero, porque casi no se interpone entre la solera y la estancia.Ni se lija ni se agota. Se quita por estética o por rotura, y entonces hay que picar.
Faltan dos ejes porque no dependen del material sino de la estancia y de quién vive debajo: la clase de uso y el ruido de impacto se cruzan en la tabla siguiente.

La tabla, estancia por estancia

EstanciaPrimera opciónQué descartamosEl eje que manda
CocinaVinílico rígido SPC, o porcelánico si de todos modos se pica el suelo.Laminado estándar y madera maciza.Agua. Y no la del vaso que cae, sino la fuga lenta bajo el lavavajillas.
BañoPorcelánico colocado sobre la impermeabilización.Cualquier pavimento de clic cuando hay desagüe en el suelo o ducha de obra.Desagüe, pendientes y vapor.
Salón y comedorMulticapa si quiere madera; laminado AC4–AC5 o SPC si manda el presupuesto.Clases domésticas bajas y lamas larguísimas sin junta intermedia.Suelo radiante y metros seguidos sin ningún corte.
Pasillo y recibidorEl mismo material que la zona de día, pero con clase de uso comercial: AC5, clase 23/33.El espesor mínimo de la gama y el remate improvisado en el paso de puerta.Abrasión: la arena entra por la puerta y el recibidor la reparte.
DormitorioLaminado AC4 clase 23/32, o multicapa.Sobre-especificar. Aquí un AC5 es dinero tirado al suelo.Ruido de impacto y tacto del pie descalzo.
Planta baja con humedadPorcelánico o vinílico, y siempre después de medir.Madera, hasta que la medición diga lo contrario.La humedad del soporte, que no se negocia con el material.
Terraza y exteriorPorcelánico antideslizante o tarima de WPC encapsulado sobre rastrel.Los cuatro pavimentos de interior, sin excepción.Agua, hielo y sol.
La tabla elige familia. El modelo, el espesor y el acabado se deciden con la muestra en la mano y con el resto de la obra sobre la mesa.

Cocina y baño: aquí se decide de verdad

En la cocina, el derrame visible no es el problema: el problema es la fuga que no ve nadie. Un racor que gotea detrás del lavavajillas o un sifón que llora bajo el fregadero no forman ningún charco a la vista; mandan agua bajo los muebles y bajo las lamas, y allí se queda semanas. Por eso la barrera de 24 o de 72 horas que declaran los laminados de núcleo hidrófugo resuelve el accidente y no resuelve la cocina: está pensada para un vaso que cae y que alguien recoge, no para una humedad continuada que nadie ha detectado.

Esa es la razón por la que en la cocina ponemos núcleo mineral o cerámica. Con SPC, el agua puede pasar entre lamas y el pavimento no se hincha, lo que da tiempo a descubrir la fuga sin tener que cambiar el suelo. Con porcelánico no se hincha nada. Ninguno de los dos evita que el agua se quede debajo: lo que cambia es si al final se encontrará una avería, o una avería más un pavimento nuevo. El resto de decisiones de la cocina —altura de encimeras, enchufes, campana, orden de los gremios— están en la página de reformas de cocina.

Hay un detalle de cocina que no aparece en ninguna ficha técnica y que rompe pavimentos caros: un suelo flotante necesita moverse, y bajo un mueble bajo cargado o bajo una isla no puede. Si las lamas pasan por debajo de los muebles fijos, el peso las bloquea y la dilatación sale por donde puede, que suele ser el centro de la estancia. O el pavimento muere en la línea del zócalo de los muebles, o se asume que esa franja ya no es flotante.

En el baño la decisión no la toma el pavimento: la toma lo que hay debajo. Si hay desagüe en el suelo, ducha enrasada o pendientes formadas, hay una lámina impermeable y el acabado tiene que adherirse encima, con las juntas selladas. Un pavimento de clic es exactamente lo contrario: vive suelto y con una junta perimetral abierta en todo el contorno, que es justo el camino que busca el agua. Por eso en el baño va gres, y por eso la reforma de baño se plantea desde la impermeabilización hacia arriba y no desde el muestrario hacia abajo.

La excepción es honesta y vale la pena decirla: un baño pequeño con plato de ducha montado, sin desagüe en el pavimento y bien ventilado admite un vinílico rígido y queda bien. Pero tiene que ser una decisión tomada sabiendo qué se gana —presupuesto y ningún derribo— y qué se pierde.

Salón, pasillo y dormitorio: radiante, arena y el vecino de abajo

Si hay suelo radiante, el orden de preferencia se invierte y lo que manda no es el material sino una cifra: la resistencia térmica del conjunto que queda por encima de la solera tiene que estar por debajo de 0,15 m²K/W en calefacción, y por debajo de 0,10 si el sistema también refresca. Parece mucho margen hasta que se hacen las cuentas, porque entra todo —la lama, la manta, el adhesivo—, y con el umbral de refrigeración el margen prácticamente desaparece.

De ahí sale el conflicto que nadie explica en el mostrador: la manta que mejora el aislamiento acústico es la misma que empeora el rendimiento de la calefacción. Los dos objetivos tiran en direcciones contrarias y hay que decidir cuál pesa más en esa casa; los valores de cada manta están en la página de pavimentos. Lo que no es negociable es el techo de temperatura: 27 °C de superficie como máximo, con un tope absoluto de 29 °C según la EN 1264. Un radiante no quema la madera; lo que la mueve es tener que forzar la temperatura para compensar un pavimento que aísla.

Con madera y radiante hay tres condiciones que deciden más que la especie: densidad mínima de 550 kg/m³, encolado recomendado por encima de 15 mm de espesor y una puesta en marcha progresiva, subiendo 5 °C por día. Y un matiz que suele sorprender: la norma no prohíbe ninguna especie concreta. Quien excluye maderas o pone condiciones es el fabricante, en su documento de garantía. Así que la pregunta correcta en la tienda no es «¿esta madera va bien con radiante?», sino «enséñeme dónde lo dice el fabricante».

En el pasillo y en el recibidor manda otra cosa: la abrasión. Es por donde entra la arena, y la arena es papel de lija. Si hay un solo sitio de la casa donde vale la pena subir de clase de uso, es este. También es donde se encuentran los pavimentos de toda la casa, de modo que es allí donde se verá si las cotas se han previsto desde el principio o se han resuelto con un perfil de tapar.

En el dormitorio pasa lo contrario, y conviene decirlo claro: es la estancia donde más gente sobre-especifica. Un AC5 en una habitación por la que pasan dos personas descalzas es presupuesto gastado en una prestación que no se usará nunca; con AC4 y clase 23/32 sobra. Lo que sí cuenta en el dormitorio es el ruido de impacto, y ese no depende del pavimento sino del forjado, de la capa que hay bajo las lamas y de quién vive debajo. En un piso antiguo con vecinos es un criterio de primer orden; en una planta baja o en una casa aislada desaparece del todo, y ese dinero se puede poner en espesor, en acabado o en otra estancia.

Y una última cosa del salón, que se decide el día que se derriba un tabique: a partir de ocho metros seguidos sin ningún corte, un pavimento flotante necesita una junta de expansión intermedia de diez milímetros como mínimo. Como un rodapié estándar tapa hasta unos diecisiete milímetros, abrir la cocina al comedor puede significar aceptar un perfil visible en el paso o repartir la superficie con juntas. Mejor saberlo antes de elegir la lama de dos metros, no después.

Planta baja y exterior: lo que no se puede elegir sin medir

En la planta baja la primera pregunta no es qué suelo, es cuándo. Una solera recién hecha contiene agua, y el pavimento se entera más tarde, cuando ya hay muebles encima. El umbral de referencia es 2,5 % de humedad en solera de mortero, por debajo del 2 % si hay suelo radiante y por debajo del 0,5 % si la solera es de anhidrita. Y no se mide en la superficie: se mide a media altura del espesor y como mínimo a 2 cm de profundidad, con higrómetro de carburo y un control cada 100 m² como mínimo.

El tiempo que eso exige se puede estimar antes de que empiece la obra, porque los días de secado son aproximadamente el doble del cuadrado del espesor en centímetros: una solera de cinco centímetros se va a unos cincuenta días. Esa cifra no es un detalle de ejecución, es una decisión de calendario. Si el pavimento tiene que entrar antes, o se cambia el material, o se cambia el sistema de colocación, o se asume el riesgo sabiéndolo. Los términos técnicos de este párrafo están explicados uno por uno en el glosario de obra.

Si la planta baja además arrastra humedad de terreno —mancha que sube del suelo con el límite superior casi horizontal, polvo blanco en la base de la pared—, ningún pavimento es la solución y la madera queda descartada mientras la medición no diga lo contrario. Poner encima un suelo estanco tapa el síntoma y mueve el problema medio metro más arriba.

En la terraza el debate se acaba enseguida: no hay ningún pavimento de interior que sea apto, ni el vinílico, ni el laminado hidrófugo, ni el multicapa. Va porcelánico antideslizante o tarima de exterior de WPC encapsulado sobre rastrel. Y la decisión importante tampoco es esa: es la impermeabilización, las pendientes y los desagües que quedan debajo. Una terraza es una obra de estanquidad con un acabado encima, no al revés.

Cuatro pavimentos en el mismo piso: cotas, puertas y presupuesto

Cuando cada estancia lleva un material distinto aparece el problema que más se improvisa: la altura. El gres suma adhesivo más pieza; un vinílico de cinco milímetros suma poco más que él mismo. Si el pavimento se coloca sobre el antiguo sin picar, esa diferencia se acumula y acaba siempre en los mismos sitios: la hoja de la puerta, que hay que rebajar; la entrada de la ducha; el escalón de la terraza; y uno que sorprende a todo el mundo, la altura libre bajo la encimera de la cocina, porque si el suelo sube veinte milímetros el lavavajillas encastrado puede no volver a salir.

Los pasos de puerta son el otro punto caliente. Allí se encuentran dos materiales con dos espesores y dos comportamientos: un flotante que necesita moverse y un gres que no se mueve nada. Ese encuentro o se resuelve con un perfil pensado desde el principio, con la junta que le corresponde a cada lado, o se resuelve tapando. Se nota a la vista y se nota con el pie.

Sobre el coste, vale la pena separar lo que es material de lo que es mano de obra, porque se mezclan siempre. Las cifras publicadas más citadas a escala estatal son las de habitissimo, en un artículo actualizado el 2 de marzo de 2025: instalación de tarima flotante de 15 a 35 €/m², mano de obra sola a 30 € la hora o a 10 €/m², material de tarima AC5 de 30 a 35 €/m² y AC4 o AC3 de 15 a 25 €/m², manta aislante de 5 a 10 €/m² y rodapié de 5 a 10 € el metro lineal. Son franjas estatales y orientativas, no de Girona, y la primera arrastra una ambigüedad que conviene conocer: no aclara si esos 15 a 35 € incluyen el material o solo la colocación.

El ejemplo limpio de ese mismo artículo ayuda más que las franjas: un salón de 30 m² con multicapa sale por unos 1.500 € con material incluido y por unos 550 € si solo se paga la instalación. Con el alcance declarado se puede comparar; sin alcance declarado, un precio por metro cuadrado no significa nada. la franja orientativa de mercado que publicamos para laminado o vinílico colocado es de 25 a 55 €/m² con IVA aparte e incluye preparación de la base, lámina aislante, colocación y rodapié, sin retirada del pavimento antiguo; el resto de partidas están en precios de reformas en Girona. De gres colocado no publicamos ninguna franja en este artículo, porque la fuente verificada que tenemos es de tarima y no queremos dar un número que no podemos sostener.

Queda una última cifra que no es del pavimento sino de la factura: según cómo sean la obra y la vivienda, el tipo de IVA aplicable cambia, y en una superficie grande eso pesa más que elegir entre un AC4 y un AC5. Lo explicamos en el artículo sobre el IVA y las deducciones.

Y si después de todo esto la duda sigue, la manera de aclararla no es mirar más muestras: es medir la humedad del soporte, comprobar la planimetría con regla de dos metros y saber si hay radiante y quién vive debajo. Con esos cuatro datos la lista se queda en una o dos opciones, y entonces sí toca mirar muestras. Así lo hacemos y puede verlo en cómo trabajamos; si quiere que lo miremos en su casa, escríbanos desde contacto.

Preguntas frecuentes

¿Puedo poner el mismo pavimento en toda la casa?

Sí, si elige vinílico rígido SPC y el baño no tiene desagüe en el suelo ni ducha de obra. Es la única de las familias de interior que pasa por cocina, pasillo y dormitorio sin tener que cambiar de gama. Con laminado no: en la cocina habría que ir a núcleo hidrófugo y en el baño seguiría sin ser recomendable. E incluso con SPC hay una razón para no hacerlo, que es el tacto: en un dormitorio, un multicapa se nota distinto bajo el pie descalzo.

¿Qué AC tengo que pedir para un parquet de madera?

Ninguno. La escala AC es de la EN 13329 y está escrita para el laminado: mide la abrasión de una sobrecapa de resina que la madera no lleva. En un parquet, los datos que deciden son el espesor de la capa noble —2,5 mm como mínimo antes de colocarlo para que pueda llamarse parquet, según la EN 13756—, el tipo de acabado y la estabilidad del soporte. Si un catálogo atribuye un AC a un multicapa de madera, se ha inventado la equivalencia.

¿Puedo poner madera sobre suelo radiante?

Sí, con condiciones. El conjunto por encima de la solera tiene que quedar por debajo de 0,15 m²K/W en calefacción y por debajo de 0,10 si el sistema también refresca; la madera debe tener como mínimo 550 kg/m³ de densidad; por encima de 15 mm de espesor se recomienda encolar; la superficie no debe pasar de 27 °C, con un tope absoluto de 29 °C según la EN 1264, y la puesta en marcha se hace subiendo 5 °C por día. La norma no prohíbe ninguna especie concreta: quien excluye maderas o pone condiciones es el fabricante, y tiene que constar por escrito en la garantía.

¿El vinílico SPC vale para un baño?

Para un baño pequeño con plato de ducha montado, sin desagüe en el pavimento y bien ventilado, sí. Para un baño con ducha enrasada, pendientes formadas y desagüe en el suelo, no: ese suelo lleva una lámina impermeable debajo y el acabado tiene que adherirse con las juntas selladas, mientras que un pavimento de clic vive suelto y con el perímetro abierto. El material aguanta el agua; el sistema de colocación, no.

¿Hay que quitar el pavimento antiguo?

No siempre. Un laminado o un vinílico se pueden colocar sobre un alicatado sano si la planimetría es correcta —como máximo 3 mm bajo regla de 2 m y 1 mm bajo regla de 20 cm— y si las juntas no forman escalones. El precio baja y la obra se acorta, pero todo el espesor nuevo se suma a la cota y hay que comprobarlo en puertas, entradas de ducha y electrodomésticos encastrados. Con gres nuevo sobre gres antiguo la suma es mayor y, además, hay que comprobar pieza a pieza que ninguna suene a hueco.

¿Cuántas veces se puede acuchillar un parquet?

Depende de la capa noble que le quede. Cada lijado se lleva de 1 a 1,5 mm, de modo que un multicapa con la capa noble mínima de 2,5 mm da para un lijado y, forzando, para dos. Con capas nobles más gruesas caben más, y una madera maciza admite muchos lijados a lo largo de su vida. Un laminado y un vinílico no entran en esa contabilidad: su capa superficial no se puede rebajar.

¿Qué pavimento hace menos ruido para los vecinos de abajo?

La pregunta bien planteada no es qué material, sino qué capa hay bajo las lamas y cómo es el forjado. La capa intermedia es la que hace el trabajo, y tiene un coste de oportunidad: la que mejora la acústica empeora el rendimiento del suelo radiante, y hay que elegir cuál de los dos objetivos pesa más. Si debajo de usted no vive nadie, ese criterio desaparece del presupuesto y se puede destinar a espesor o a acabado.

¿Cuánto cuesta cambiar el suelo de un piso?

Depende del alcance que haya detrás del precio, que es lo que casi nunca se especifica. Como referencia estatal, habitissimo publica en un artículo actualizado el 2 de marzo de 2025 franjas de 15 a 35 €/m² para la instalación de tarima flotante, 30 € la hora de mano de obra o 10 €/m², y material de 15 a 35 €/m² según la clase; y pone un ejemplo con alcance declarado, un salón de 30 m² con multicapa, por unos 1.500 € con material y unos 550 € solo la instalación. la franja orientativa de mercado para laminado o vinílico colocado es de 25 a 55 €/m² con IVA aparte, con preparación de la base, lámina, colocación y rodapié, sin retirada del pavimento antiguo.

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