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Eficiencia

Certificado energético de una vivienda: qué es y cuándo se necesita

Cámara termográfica apuntando al alféizar de una ventana, con el mapa de calor en la pantalla

El certificado de eficiencia energética es un documento que redacta un técnico competente después de visitar la vivienda y que le asigna una letra de la A a la G. Esa letra no dice si la casa es confortable: dice cuánta energía primaria no renovable se calcula que consume y qué emisiones de CO₂ lleva asociadas, siempre con un uso normalizado que no es el suyo. Lo regula el Real Decreto 390/2021, es obligatorio para vender, para alquilar y en obra nueva, y en Cataluña no vale nada hasta que está registrado.

Muy poca gente encarga un certificado energético porque le interese saber el resultado. Se pide porque el notario lo reclama, porque el portal de anuncios no deja publicar sin la etiqueta o porque la agencia lo ha dicho el martes y la firma es el viernes. Ese orden explica por qué tanta gente lo paga, lo guarda en una carpeta y no lo vuelve a abrir nunca.

Es una lástima, porque es el único documento técnico que casi todas las viviendas acaban teniendo y el que decide, meses después, qué ayudas se podrán pedir y qué obras compensan antes. Lo que viene a continuación es qué mide de verdad, cuándo es exigible, quién puede firmarlo, cómo se registra en Cataluña y qué mueve la letra. Los importes y los plazos de las ayudas no aparecen a propósito: cambian en cada convocatoria y lo que no cambia es el procedimiento.

Qué es y qué mide de verdad

El certificado es el resultado de un cálculo, no de una medición. El técnico construye un modelo de la vivienda dentro de un programa reconocido por la Administración —en vivienda existente el más extendido es el CE3X— e introduce la geometría, la orientación, la composición de cada elemento de la envolvente, la carpintería, los puentes térmicos y los equipos de calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria. El programa simula un año entero y de ahí salen dos indicadores.

  • Consumo de energía primaria no renovable, en kilovatios hora por metro cuadrado y año. No es lo que marca el contador: ahí están contadas también las pérdidas de generación y de transporte necesarias para que esa energía llegue a su casa.
  • Emisiones de dióxido de carbono asociadas a ese consumo, en kilogramos por metro cuadrado y año.

La letra que todo el mundo mira es la del primer indicador. Y ahí está el primer malentendido: no es una escala absoluta de kilovatios hora. Cada letra se define comparando la vivienda con un parque de referencia de la misma zona climática, y la zona climática sale de la capital de provincia y de la diferencia de altitud del municipio respecto de ella. Por eso las comarcas gerundenses no tienen una sola zona: un pueblo de montaña y otro del llano entran en el programa con exigencias distintas. Comparar dos pisos de la misma ciudad es útil; comparar una letra de Girona con una de Málaga no dice gran cosa.

El segundo malentendido es el uso. El cálculo no emplea su manera de vivir sino un patrón normalizado: unas temperaturas de consigna, unos horarios de ocupación y unas cargas internas iguales para todos. Es precisamente lo que lo hace útil para comparar viviendas entre sí e inútil para predecir una factura. Dos familias en el mismo piso pueden gastar el doble una que otra, y el certificado será exactamente el mismo.

Qué no dice la letra

Conviene saber qué queda fuera del cálculo, porque es donde la gente proyecta expectativas que el documento no puede cumplir.

  • No mide el confort. Una vivienda puede tener una letra digna y ser desagradable en enero por corrientes de aire, por una pared exterior fría o por una habitación que no recibe sol en todo el día.
  • No busca humedades ni condensaciones. No las detecta, no las penaliza y no aparecen en ninguna parte del documento.
  • No valora cómo está ejecutada la obra. Un aislamiento bien especificado y mal colocado entra en el programa con el mismo espesor que uno bien colocado.
  • No mide la estanquidad de la vivienda. Eso solo se conoce con un ensayo de presurización, que se contrata aparte y no forma parte del trámite.
  • No dice nada de la instalación eléctrica, ni de la fontanería, ni del estado de la estructura, ni de la accesibilidad.
  • No tiene en cuenta qué energía compra usted. Si tiene contratada electricidad de origen renovable certificado, el cálculo no se entera: los coeficientes son los mismos para todos.

Cuándo es obligatorio y qué pasa si no lo tiene

El ámbito de aplicación lo fija el Real Decreto 390/2021, que sustituyó al Real Decreto 235/2013 y amplió los supuestos. Para un particular con una vivienda, los casos que cuentan son pocos y son claros.

SupuestoQuién debe encargarloCuándo hay que tenerlo
Obra nuevaLa promociónSe expide uno con el proyecto y otro con la obra terminada; el que vale es el segundo.
Venta de una vivienda existenteLa propiedad vendedoraAntes de publicar el anuncio: la etiqueta debe salir en la publicidad y el certificado se entrega al comprador.
Alquiler a un nuevo arrendatarioLa propiedad arrendadoraAntes de anunciarlo; se entrega copia. Una prórroga con el mismo inquilino no vuelve a exigirlo.
Reformas y ampliaciones que alteran una parte importante de la envolvente térmicaLa propiedadEl reglamento sitúa el umbral por encima del 25 % de la superficie de la envolvente: confírmelo con el técnico del proyecto.
Local o edificio ocupado por una administración pública, de más de 250 m² y con afluencia de públicoLa administración que lo ocupaAdemás, existe la obligación de exhibir la etiqueta en un lugar visible para los usuarios.
Edificio aislado de menos de 50 m², lugar de culto o construcción provisional de menos de dos añosNadie: está excluidoExclusiones tasadas en el propio real decreto. Si su caso no encaja exactamente, el certificado es exigible.
Inmueble que se compra para una reforma importante o para demolerloNadie: está excluidoLa exclusión hay que poder sostenerla; no es un atajo para ahorrárselo en una venta ordinaria.
Vivienda con un uso inferior a cuatro meses al añoNadie: está excluidoSe necesita una declaración responsable de la propiedad que lo acredite.
Supuestos y exclusiones del Real Decreto 390/2021. La norma es estatal; el registro y la inspección, autonómicos.

Qué pasa si no lo tiene. Nadie va a llamar a la puerta a pedirlo, pero la ausencia se nota en tres puntos. El primero es la publicidad: el real decreto obliga a incluir la etiqueta en cualquier oferta, promoción o anuncio de venta o alquiler, y los portales inmobiliarios lo piden en la ficha del inmueble. El segundo es la firma: el notario lo pide y deja constancia de que se ha entregado, y la falta del documento es el tipo de detalle que detiene una firma con todo el mundo sentado a la mesa. El tercero es el régimen sancionador, que existe y que aplican las comunidades autónomas: publicitar un inmueble sin etiqueta o falsear los datos del certificado entra de lleno.

Hay un cuarto efecto, menos visible y más caro. Una vivienda sin certificado no se puede comparar con nada, y quien compra sin saber la letra tiende a suponer lo peor. La letra no es solo un trámite: forma parte del precio, sobre todo en una casa antigua donde el comprador ya sospecha que tendrá que invertir.

Quién puede firmarlo y qué necesita para hacerlo

Puede firmarlo un técnico competente, y el reglamento define la competencia por titulación: quien está habilitado para redactar proyectos o dirigir obras de edificación, o para proyectar sus instalaciones térmicas. En la práctica, arquitectos, arquitectos técnicos, ingenieros e ingenieros técnicos con esas atribuciones. No puede firmarlo una inmobiliaria, ni una gestoría, ni una empresa de reformas. Nosotros tampoco: si alguien se lo regala con la obra, lo que hace es subcontratarlo.

El Real Decreto 390/2021 añadió una obligación que el reglamento anterior no tenía y que cambia la calidad del documento: el técnico debe realizar al menos una visita al inmueble. Un certificado redactado desde el despacho con una referencia catastral y cuatro fotos enviadas por mensajería incumple el procedimiento, aunque luego se registre sin ningún problema.

Y aquí está la palanca que casi nadie usa. Sin papeles de un elemento concreto, el programa obliga a elegir un valor tabulado, y esos valores están calibrados para no favorecer a nadie: siempre juegan en contra. Cuantas más cosas pueda documentar, menos supuestos entrarán en el modelo. Esa es la razón por la que dos técnicos igual de honestos pueden dar letras distintas al mismo piso: no discrepan del piso, discrepan de la calidad del dato disponible.

Qué debe darlePara qué le sirveSi no lo tiene
Referencia catastral y escritura o nota simpleIdentificar el inmueble, la superficie y el año de construcciónNo se puede registrar: son datos obligatorios del expediente
Planos del estado actual o de la reformaGeometría, orientación y superficie real de cada cerramientoMedición aproximada in situ, con más margen de error y más prudencia
Fichas o facturas de la carpintería, con la transmitancia del conjunto y el factor solar del vidrioSustituir el valor por defecto de marco y vidrio por el realSe aplica un valor típico del año de construcción, casi siempre peor
Documentación del aislamiento colocado: material, espesor y conductividadJustificar la composición del muro, de la cubierta y del sueloLo que no se ve ni se documenta se da por inexistente
Ficha técnica de la caldera, la bomba de calor o el termo, con modelo y rendimientoCalcular el consumo con el rendimiento real del equipoSe asigna el rendimiento tabulado según tecnología y antigüedad
Certificados de instalación térmica y eléctrica y contrato de mantenimientoFechar los equipos y acreditar su potenciaSe trabaja con estimaciones y el expediente queda más débil
Fotografías de las fachadas, la cubierta y cada tipo de ventanaForman parte del expediente y sostienen lo que se ha introducidoEl certificado se defiende peor ante una comprobación
Facturas de obras anterioresDemostrar un aislamiento o una carpintería que ya no se venLa mejora que pagó hace diez años no cuenta en el cálculo
La letra no depende solo de cómo es la casa: depende también de qué parte de la casa se puede demostrar con un papel.

Cómo se registra en Cataluña y qué validez tiene

En Cataluña el certificado no existe a efectos prácticos hasta que está inscrito en el registro de certificados de eficiencia energética de edificios que gestiona el Institut Català d’Energia, el ICAEN. El técnico presenta el expediente, se paga la tasa que fija la normativa vigente y se obtiene el número de entrada y la etiqueta oficial con la letra. Esa etiqueta es la que hay que publicar en el anuncio y entregar al comprador o al arrendatario: el PDF que le pasa el técnico sin número de registro todavía no es nada.

La validez general es de diez años. El Real Decreto 390/2021 la acortó a cinco para los inmuebles calificados con la letra G, con la lógica de que un edificio en ese estado debe volver a mirarse antes. La renovación no es automática ni la recuerda nadie: hay que repetir el procedimiento entero, visita incluida.

También existe una vía prevista en el reglamento que abarata el trámite en bloques de pisos iguales: una vivienda de un edificio puede certificarse a partir del certificado del edificio completo o del de otra vivienda representativa del mismo inmueble. Tiene sentido en promociones homogéneas y muy poco en una finca antigua donde cada piso ha vivido una historia distinta.

Y un tercer caso que sorprende: la letra puede dejar de ser cierta sin que caduque nada. Si cambia la caldera, si cierra una galería, si sustituye la carpintería o si pone fotovoltaica, el certificado que tiene describe una casa que ya no existe. Actualizarlo cuesta una fracción de lo que ha costado la obra y es, literalmente, el papel que demuestra que la obra ha servido para algo.

Qué hace subir y bajar la letra

Para entender el orden de impacto hay que tener presente la cadena del cálculo, porque cada actuación entra por un eslabón distinto. Primero está la demanda: la energía que la vivienda necesita para mantenerse en temperatura, y que depende de la envolvente, de la orientación y de la ventilación. Después está el rendimiento de los equipos, que convierte esa demanda en energía consumida. Y al final está el coeficiente de paso de cada vector energético —electricidad, gas natural, gasóleo, biomasa—, que convierte el consumo en energía primaria no renovable, que es lo que puntúa.

La consecuencia es directa. Quien toca la demanda mueve mucho la letra y la mueve para siempre. Quien toca solo el rendimiento la mueve poco. Y quien cambia de vector energético puede moverla mucho sin ganar ni un grado de confort.

ActuaciónPor dónde entra en el cálculoImpacto en la letraMatiz
Aislar la cubierta o el techo bajo cubiertaBaja la demanda de calefacción y de refrigeraciónMuy altoEs la superficie que más pierde en una casa con planta bajo tejado y a menudo la más barata de intervenir
Aislar la fachada por el exteriorBaja la demanda y elimina buena parte de los puentes térmicosMuy altoExige andamio y, en un edificio de vecinos, acuerdo de comunidad
Aislar por el interior o rellenar la cámara de aireBaja la demanda, pero los puentes térmicos se mantienenAltoSe come superficie útil y no resuelve esquinas ni cantos de forjado
Sustituir la carpintería por una con rotura de puente térmico y vidrio bajo emisivoBaja la demanda y mejora la estanquidadMedio-altoEl marco pesa tanto como el vidrio: lo que entra en el cálculo es la transmitancia de la ventana entera
Resolver las cajas de persianaElimina un puente térmico y una entrada de aire permanenteMedioSuele ser la partida con mejor relación entre coste y mejora de toda la carpintería
Sustituir el generador de calefacción y ACS por una bomba de calorMejora el rendimiento y cambia de vector energéticoMedio-altoSolo si los emisores trabajan a baja temperatura; con radiadores antiguos el equipo funciona en su peor punto
Cambiar el sistema de agua caliente sanitariaEl ACS pesa más de lo que parece, sobre todo en un piso pequeñoMedioEn una vivienda ya bien aislada puede llegar a ser la partida dominante del consumo
Instalar fotovoltaica de autoconsumoDescuenta energía primaria no renovable del balanceMedio-altoMejora la letra sin reducir la demanda ni mejorar el confort de un día de enero
Aportación solar térmica para el agua calienteCubre con energía renovable parte de la demanda de ACSMedioEl CTE ya exige una aportación renovable mínima en obra nueva y en determinadas intervenciones
Ventilación mecánica con recuperador de calorReduce las pérdidas por renovación de aireBajo-medioSu valor real es la calidad del aire interior, no la letra
Cambiar una caldera de gas por una de condensaciónMejora el rendimiento y nada másBajoExplicado en detalle en el apartado siguiente
Llevar documentación al técnicoSustituye valores por defecto por valores justificadosVariable, y a veces una letra enteraNo es una obra: es papeleo que en muchos casos ya tiene en casa
Orden de impacto orientativo. En una vivienda concreta puede cambiar según el clima, la orientación y qué parte de la envolvente está peor.

Hay un orden que casi siempre es el correcto y que no es el que sigue la mayoría de la gente. Primero la envolvente, empezando por la cubierta. Después la carpintería y los puentes térmicos asociados. Y solo entonces los equipos, que pueden dimensionarse más pequeños —y por tanto más baratos— cuando la casa ya pide menos. Los espesores, las soluciones y los criterios de cada paso los hemos desglosado en el artículo sobre por dónde empezar a aislar la casa.

Por qué cambiar solo la caldera no suele mover la letra

Es la pregunta que aparece en todas las visitas, y la respuesta tiene dos partes.

La primera es que la caldera no toca la demanda. Una vivienda con la cubierta sin aislar y vidrio simple necesita la misma energía el día antes y el día después de cambiar el aparato. Lo que cambia es con qué rendimiento se le suministra. Una caldera antigua de tiro natural puede moverse por debajo del 80 % de rendimiento estacional y una de condensación bien instalada, con emisores adecuados, se sitúa claramente por encima. La mejora es real y se nota en la factura, pero es la mejora de un solo eslabón de la cadena.

La segunda es cómo están repartidas las letras. Las bandas de calificación son anchas: entre una E y una D, o entre una D y una C, suele haber mucho más recorrido del que gana un cambio de generador. El resultado típico es una vivienda que pasa de una E baja a una E alta, con menos consumo pero sin cruzar el umbral. Si lo que necesita es acreditar un salto de letra —porque una ayuda o una deducción lo exigen—, el cambio de caldera suele quedarse corto.

Hay una excepción que conviene conocer, y es cuando el cambio no es de rendimiento sino de vector. Pasar de gasóleo o de gas a una bomba de calor con emisores de baja temperatura no mejora un veinte por ciento: puede dividir por tres o por cuatro la energía final necesaria, porque por cada kilovatio hora de electricidad el equipo mueve tres o cuatro de calor. Ahí sí que la letra se mueve de verdad. Pero la misma bomba de calor conectada a radiadores antiguos, que piden agua a 70 °C, pierde buena parte de esa ventaja y vuelve a quedarse a medio camino.

La letra no premia lo que gasta usted: premia lo que gastaría cualquiera en esa casa. Por eso la mueve la envolvente y no los hábitos.

El certificado es la puerta de entrada a las ayudas

Esta es la parte que la mayoría de propietarios descubren tarde. Los programas públicos de rehabilitación energética y las deducciones del IRPF por obras de eficiencia comparten un mismo mecanismo: no premian la factura de la obra, premian la mejora acreditada. Y la mejora se acredita comparando dos certificados, el del estado previo y el del estado terminado.

El del estado previo es irrepetible. Una vez retirada la carpintería vieja o derribado el tabique, ya no hay manera de documentar de dónde venía, y sin punto de partida no hay mejora que demostrar. Es el error que más dinero cuesta de todos los que salen en este artículo y es gratis evitarlo: basta con encargarlo antes y registrarlo.

  1. Encargue el certificado del estado previo y regístrelo antes de tocar nada. La fecha que cuenta es la del registro, no la de la visita.
  2. Lea la convocatoria vigente antes de decidir el alcance de la obra: cada programa fija qué mejora mínima exige y sobre qué indicador la mide.
  3. Compruebe quién convoca y dónde se tramita. Pueden convivir líneas estatales gestionadas desde Cataluña, líneas propias y ayudas municipales, y entre ellas pueden ser compatibles o excluyentes.
  4. Presente la solicitud antes de empezar la obra si la convocatoria lo exige, que es el caso más habitual.
  5. Ejecute con facturas desglosadas y pagos por transferencia: el efectivo no se justifica en ninguna parte.
  6. Encargue el certificado posterior, regístrelo y compruebe que la mejora acreditada llega al umbral que pedía la convocatoria.
  7. Presente la justificación dentro de plazo, con fotografías del estado previo, fichas técnicas de los materiales colocados y los dos certificados registrados.

Lo que no encontrará aquí son porcentajes ni importes. Los programas cambian de dotación, de porcentaje y de plazos en cada convocatoria, y una cifra escrita hoy sería falsa dentro de pocos meses: lo que vale es la convocatoria vigente el día que registre la solicitud, y los importes y los plazos hay que confirmarlos allí. El mecanismo, los organismos y el orden de trámites los explicamos en el artículo de ayudas y subvenciones para rehabilitar; la parte fiscal, en el artículo sobre el IVA y las deducciones de una reforma. Ni uno ni otro son asesoramiento: son el mapa para ir a preguntar con la pregunta bien hecha.

No lo confunda con la cédula ni con la ITE

Son cuatro documentos distintos que aparecen juntos en una venta y que la gente mezcla con notable facilidad. Tener uno no exime de ninguno de los otros.

DocumentoQué acreditaCuándo hace faltaQuién interviene
Certificado de eficiencia energéticaEl consumo estimado de energía primaria no renovable y las emisiones, resumidos en una letra de la A a la GObra nueva, venta y alquiler a un nuevo arrendatarioLo firma un técnico competente y se registra en el ICAEN
Cédula de habitabilidadQue la vivienda cumple las condiciones mínimas para ser habitada que fija el Decreto 141/2012Venta, alquiler y alta de suministrosCertificado de un técnico y otorgamiento de la Agència de l’Habitatge de Catalunya
Informe de la inspección técnica del edificioEl estado de conservación del edificio y las deficiencias a subsanar, según el Decreto 67/2015Edificios de viviendas, según la antigüedad que fija el decretoRedacción por técnico competente y presentación a la administración
Certificado de instalación eléctricaQue la instalación cumple el reglamento electrotécnico de baja tensión, el Real Decreto 842/2002Altas, aumentos de potencia y reformas de la instalaciónLo emite una empresa instaladora habilitada
Cuatro documentos con cuatro finalidades. Solo el primero habla de energía, y ninguno de los cuatro garantiza que la vivienda sea confortable.

Los errores que vemos más a menudo

  • Encargarlo el día antes de firmar. El técnico tiene que visitar el inmueble, redactarlo y registrarlo, y el registro tiene su propio tiempo administrativo.
  • Comprarlo solo por el precio. Un certificado barato, hecho sin visita y con todos los valores por defecto, da la peor letra posible de su vivienda; y esa letra la publicará usted en el anuncio de venta.
  • No abrirlo. Cada certificado incluye un listado de medidas de mejora con el ahorro estimado y la calificación que se alcanzaría. Es información que ya ha pagado y que casi nadie lee.
  • Hacer la obra primero y pensar en la ayuda después. Sin certificado previo registrado no hay ayuda ni deducción posible, por buena que haya sido la obra.
  • No conservarlo. El número de registro, el PDF y la etiqueta deben ir a la carpeta del inmueble con el resto de documentación técnica.
  • Dar por hecho que sigue siendo válido. Diez años es mucho tiempo, y cinco en el caso de la letra G; además, cualquier obra que toque envolvente o instalaciones lo deja desfasado antes de caducar.
  • Confundir la letra con el confort. Hemos visto viviendas con una letra correcta y condensaciones cada invierno, y casas de piedra con letra mala donde se está bien porque el muro es grueso y está bien orientado.

Qué miramos nosotros antes de una reforma

Nosotros no firmamos certificados, y está bien que sea así: quien hace la obra y quien la certifica mejor que no sean la misma mano. Lo que sí hacemos es avisar a tiempo. Cuando una reforma toca cubierta, fachada, carpintería o instalaciones térmicas, la primera pregunta de la visita es si hay certificado y de qué año es. La segunda, si se piensa pedir alguna ayuda. Si la respuesta es que sí, el orden cambia: primero el certificado previo registrado, después el presupuesto, después la obra.

Y una cosa más que no cuesta dinero: guárdelo todo. Fichas técnicas del aislamiento y de la carpintería, facturas desglosadas por partidas, fotografías del estado previo y los certificados de las instalaciones. Es el material que hace que el certificado posterior describa la casa que ha hecho y no una versión conservadora de esa casa.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura un certificado de eficiencia energética?

Diez años con carácter general y cinco si la calificación obtenida es la G, según el Real Decreto 390/2021. La renovación no es automática: hay que repetir el procedimiento completo, con visita y registro nuevos. Además, cualquier obra que afecte a la envolvente o a las instalaciones térmicas lo deja desfasado antes de la fecha de caducidad, aunque formalmente siga en vigor.

¿Es obligatorio el certificado energético para alquilar un piso?

Sí, cuando se alquila a un nuevo arrendatario. La etiqueta debe salir en el anuncio y hay que entregar copia a quien alquila. Una prórroga o una renovación con el mismo inquilino no obliga a hacer uno nuevo. Si el certificado del inmueble sigue en vigor y describe la vivienda tal como es ahora, sirve para un alquiler nuevo sin repetir el trámite.

¿Mejorará la letra si cambio la caldera?

Normalmente poco. La caldera no reduce la demanda de la vivienda, solo mejora el rendimiento con el que se sirve, y las bandas de calificación son lo bastante anchas como para que esa mejora a menudo no llegue a cruzar ninguna. La excepción es cambiar de vector energético: una bomba de calor con emisores de baja temperatura puede dividir por tres o por cuatro la energía final y sí mueve la letra.

¿Puedo pedir una ayuda si la obra ya ha empezado?

Casi nunca. La mayoría de programas exigen solicitud previa y, sobre todo, un certificado de eficiencia energética del estado previo registrado antes de empezar. Ese documento no se puede reconstruir una vez retirada la carpintería o desmontada la cubierta: sin punto de partida no hay mejora acreditable. Los importes y los plazos hay que confirmarlos siempre en la convocatoria vigente.

¿Quién puede hacer el certificado y tiene que visitar la casa?

Solo un técnico competente: arquitecto, arquitecto técnico, ingeniero o ingeniero técnico con atribuciones para redactar proyectos de edificación o de sus instalaciones térmicas. Y sí, debe realizar al menos una visita al inmueble; lo exige el Real Decreto 390/2021. Un certificado redactado sin pisar la casa incumple el procedimiento aunque después se registre.

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